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Entrevista a Ramzy Barud
“Francia cada vez es más vista como el adversario del mundo árabe”
30/01/2014 | L’Humanité

Periodista y escritor palestino de renombre internacional, nacido en Gaza, Ramzy Baroud ha recorrido durante meses el Próximo y Medio Oriente encargado por la cadena Al Jazeera. Con ocasión de su primera visita a París, explica a L´Humanité su mirada sobre los acontecimientos regionales en curso, y juzga con severidad el nuevo papel jugado por la diplomacia francesa.

¿Cómo explicas la degradación actual, en particular la sanitaria, que conoce la banda de Gaza?

El estado de sitio es perpetuo. Pero efectivamente, incluso según los “estándares” de Gaza, la situación se ha degradado considerablemente. No hay corriente eléctrica más que entre 2 h y 6 h de la mañana. Los generadores de los hospitales ya no funcionan. Los niños caen enfermos a causa de la polución de las fuentes de agua potable, las basuras y las aguas fecales inundan las calles. Estamos más allá de la lógica de castigo colectivo. En mi opinión, hay una voluntad política de los dirigentes israelíes de acentuar este castigo a fin de aumentar la desconfianza de la población hacia Hamás y hacerle responsable de la degradación de las condiciones de vida. Con la eliminación de los Hermanos Musulmanes en Egipto, es el momento ideal para marginar a Hamas, su rama palestina.

Es tu primer viaje a Francia, un país que era conocido por su política “equilibrada” en Próximo Oriente...

Ha habido un cambio significativo de la política exterior de Francia, en particular en lo referido a Próximo Oriente: los palestinos consideran la posición de Francia como comprometida con el lado israelí. Han perdido sus ilusiones sobre el equilibrio francés, su supuesta simpatía por la causa palestina. Como he podido darme cuenta tras una estancia, contratado por Al Jazeera, en los países árabes, tras la intervención militar en Libia y la tentativa abortada de bombardear Siria, Francia cada vez es percibida más como adversaria del mundo árabe. Hay un pérdida de confianza por un país claramente identificado como formando parte del eje Londres-Washington-Tel Aviv.

En tu último libro describes a Benjamin Netanyahu como “un hombre malintencionado de espíritu retorcido”. ¿Por qué François Hollande le ha manifestado tal amistad con ocasión de su último viaje a Israel?

Voy a intentar ser lo más educado posible. Pero estoy obligado a admitir que he encontrado ese espectáculo absolutamente descorazonador. Es tanto más incomprensible viniendo del presidente de un país con un pasado revolucionario, que ha conocido la brutalidad de la Ocupación, que comprende la violencia de un proceso de descolonización. Ver a François Hollande ofrecer a los dirigentes israelíes ese amor incondicional en un momento en el que incluso el gobierno americano llega al punto de desafiar la influencia del lobby proisraelí en los Estados Unidos, resulta particularmente duro.

Netanyahu está en la extrema derecha del tablero político israelí y podría incluso ser tachado de fascista según ciertos estándares políticos internacionales... Quizá esta actitud estuviera justificada por la voluntad de engatusar a los dirigentes israelíes sobre el asunto nuclear iraní, pero hacer eso sobre las espaldas de los palestinos tenía algo de indignante.

Veinte años después de los acuerdos de Oslo, Medio Oriente conoce grandes conmociones: Irán normaliza su relación con los Estados Unidos, Israel coopera estrechamente con Arabia Saudita... ¿Qué impacto pueden tener estos cambios en la lucha del pueblo palestino?

En la región se está operando un cambio de paradigma. En los próximos decenios, recordaremos este período como el que ha cambiado el rostro del Próximo y Medio Oriente. La razón fundamental viene de los Estados Unidos: tras Irak, han comprendido que ya no tenían los medios para llevar a cabo una guerra de gran envergadura. En consecuencia, otros actores intentan llenar ese vacío. El otro factor es la emergencia del pueblo árabe como entidad política. En mi opinión, los analistas han cometido un error considerando que el levantamiento era una victoria en si. No se trataba de eso. Su significado está en que el Medio Oriente ya no podrá ser gobernado por esa alianza entre el neocolonialismo occidental y un puñado de dirigentes corruptos y despóticos. Sin embargo, es difícil definir este nuevo sujeto: es verdad que no se trata de la “sociedad civil”, porque está fragmentada y dividida, como se puede ver en Libia o en Egipto, pero indudablemente se trata de una emergencia popular. Es cierto que en la región no había una cultura de movilización colectiva la desde hace decenios. A esta conciencia probablemente le costará tiempo emerger, ya sea en Yemen o en Bahrein, pero acabará por redibujar el rostro del Medio Oriente. Tomemos el caso de Egipto: las potencias extranjeras hacían lo que les daba la gana. Hoy están obligadas a ajustar su actitud en función de quién la población ha permitido o hecho posible llegar al poder.

El emir de Qatar ha intentado controlar Hamás el año pasado, antes de que su país pareciera desaparecer progresivamente de la escena regional. ¿Qué ha pasado?

No hay dinámica real en Qatar. Se trata de un país muy pequeño que intenta aparecer como influyente en la escena internacional, pero todo lo que puede ofrecer es dinero. El dinero permite comprar una amistad temporal, pero no una influencia duradera. Puede comprar grupos, militantes, pero ¿luego? El cheque firmado para Hamás se inscribía en la estrategia de recuperación de los movimientos políticos islamistas como consecuencia de la Primavera árabe. Hamás estaba entonces en una posición muy incómoda en relación al conflicto sirio y había que obligarle a comprometerse del lado de la oposición armada apoyada por Qatar. Visiblemente, los dirigentes de Hamás apostaron por el caballo perdedor.

¿Cómo resolver la desconfianza creciente de la población palestina respecto a sus dirigentes? ¿La liberación de una figura como Marwan Barguti, puede cambiar la situación?

La crisis es demasiado profunda como para que pueda ser resuelta por un solo hombre. La clase política palestina depende de los deseos de sus socios políticos y financieros, e incluso de Israel. Si Israel llegara a considerar que la Autoridad Palestina representa un peligro real para sus intereses, la debilitarían aún más: por ejemplo, los Estados Unidos dejarían de financiar la formación de policías que, entre otras cosas, están encargados de impedir cualquier forma de lucha armada contra el ocupante israelí. El problema de Hamás es diferente: es un partido más reciente, que a los ojos de la población palestina aparece como menos corrupto, que no ha renunciado a la lucha armada, y eso es lo que explica que numerosos cristianos que viven en Gaza hayan votado por él. No se trataba de sostener a Hamás por lo que es realmente, sino por lo que representa. Es el mismo fenómeno el que explica la popularidad de Hezbolá en Líbano, que va bastante más allá de la población chiíta. Por volver a tu pregunta, pienso que la cuestión de la representación del pueblo palestino será “naturalmente” zanjada cuando las circunstancias políticas permitan emerger una figura así, lo que actualmente no es el caso.

20/01/2014

http://www.humanite.fr/monde/la-france-est-de-plus-en-plus-percue-comme-l-adver-557360

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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