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Francia/África
Los objetivos de la intervención en República Centroafricana
07/03/2014 | Antoine Pelletier

Los dirigentes políticos franceses no han tardado en decir públicamente que el verdadero sentido de la intervención en la República Centroafricana era la defensa, esencial en este período de crisis mundial, de los intereses económicos de Francia en el continente africano.

Cuando se produjo la intervención en Malí, se oía decir que Hollande había sido manipulado por el ejército francés que, por su parte, habría preparado esa guerra desde mucho antes. El rumor ponía en un primer plano al general Puga, legionario, católico integrista que asiste a las misas de su hermano en la iglesia San Nicolás de Chardonnet, cercana a los grupos fascistas. La intervención francesa se habría vuelto “legítima” debido a que había sido demandada por el presidente de Malí... a quien se la habría sugerido el mismo Puga.

Pero Hollande está lejos de ser un ingenuo manipulado. Optó por mantener a Benoit Puga -nombrado por Sarkozy- como su jefe de Estado Mayor con todo conocimiento de causa. De la misma forma que acaba de nombrar a Pierre de Villieres, hermano de Philippe, al puesto de jefe de Estado Mayor de los ejércitos para reemplazar al almirante Guillaud, sospechoso de debilidad en el seno del ejército por haber aceptado demasiadas reducciones de medios y efectivos.

Si Hollande se rodea de personajes tan poco simpáticos, no es solo por nostalgia de la política de Mitterand sobre África, sino claramente porque éstos encarnan los intereses del Estado francés en África.

Elementos coyunturales

Como resume la asociación Survie, “Francia forma parte del problema, no de la solución”. Particularmente en República Centroafricana: son sus alianzas de geometría variable las que han provocado los actuales conflictos internos. Desde hace 35 años, Francia pone o hace dimitir a los presidentes en función de su docilidad y les descarta en cuanto se vuelven hacia otros países para desarrollar sus acuerdos de colaboración económica. Cada golpe de Estado o elección urdida por el “país de los derechos humanos” deja tras de sí milicias, grupos de soldados y organizaciones ligadas a los dirigentes políticos de República Centroafricana o de los países vecinos. Son ellos los que se hacen la guerra.

El objetivo inmediato de la intervención francesa es recuperar el control del país. Después de que el antiguo presidente Bozizé hubiera tomado sus distancias respecto a Francia, concediendo a China la prospección petrolera del yacimiento de Boromata, Francia entregó el poder a Djotodia. Pero éste se reveló incapaz de mantener el orden, multiplicándose los enfrentamientos entre las comunidades religiosas e incluso entre las tropas de los países del MISCA (la fuerza militar africana presente en República Centroafricana). Por otra parte, Areva (el grupo Areva es un conglomerado francés líder mundial en el sector de la energía nuclear. ndt) había renunciado a explotar, por el momento, el yacimiento de uranio de Bakouma, no juzgándole suficientemente rentable teniendo en cuenta los riesgos ligados a la inestabilidad en el país y la región.

Razones más profundas

Pero las motivaciones francesas van más allá de esas causas coyunturales. No es casualidad si en dos años Hollande ha iniciado dos guerras en África. La República Centroafricana es fiel reflejo de la nueva política del estado francés.

El gobierno había encargado a Hubert Védrine la redacción de un informe sobre el lugar de Francia en África. Védrine, secretario general de la presidencia de la República con Mitterrand, ministro de asuntos exteriores con Jospin, es miembro del club Le siècle, concebido como lugar de encuentro entre jefes de empresa, periodistas, notables y políticos -desde Hollande a Sarkozy, pasando por Dassault, Kessler, Notat o Parisot-. Su documento de 150 páginas ofrece preciosas informaciones. Una de ellas es la amplitud de los estragos provocados por el imperialismo francés en África. El informe subraya que los “logros de los países francófonos” son menos importantes que los de los países anglófonos o lusófonos debido, en particular, a la “ pasada inestabilidad política de Costa de Marfil y, en menor medida, en República Centroafricana”, dos países en los que ha intervenido militarmente Francia estos últimos años. El informe también muestra que Francia ha contribuido a la indigencia de las infraestructuras: solo el 30% de la población africana en sus zonas de influencia tienen acceso a la electricidad y, en esos países, las carreteras, la irrigación así como el acceso al agua potable, se encuentran en un estado particularmente catastrófico.

El informe Védrine pone en guardia al gobierno francés en relación a la competencia de China pero, también, de los Estados Unidos, de Alemania, de India y de Brasil: “la parte de mercado de China sobre el continente ha pasado de menos del 2% en 1990 a más del 16% en 2011”. Por su parte, “entre 2000 y 2011, la parte de mercado de Francia en el sur del Sahara ha caído del 10,1% al 4,7%”.

En concreto, en lo que respecta a las infraestructuras, las compañías chinas le comen la tostada a las empresas francesas en el terreno aéreo (aeropuerto de Nairobi), en el naútico (puerto de Bagamoyo en Tanzania), en el de las telecomunicaciones (teléfono, televisión, periódicos...), así como en el sector “social no mercantil (escuelas, hospitales...)”. El informe se alarma de que “Estados Unidos y China se entreguen a una puja de gestos simbólicos y de anuncios financieros”. Incluso en el plano de la presencia física de sus ciudadanos, China supera ampliamente a Francia, con entre 750.000 y un millón de personas en África, contra 235.000 franceses.

Es grande el riesgo de que la participación francesa en esos mercados continúe degradándose en beneficio de China o de otros países llamados “emergentes”, incluso en la zona del franco CFA y de la esfera de influencia tradicional de Francia.

Un giro económico y demográfico

Parece que en la guerra económica mundial, el imperialismo francés se ha visto desbordado totalmente. En efecto, según constata el informe, se han dado modificaciones sustanciales en las relaciones entre África y el mercado mundial.

La primera, concierne a la naturaleza de la mano de obra africana. Con 200 millones de habitantes de entre 15 a 24 años, una población que debería alcanzar casi 2 millardos en 2050, de los cuales 1,2 en las zonas urbanas, ofrece la perspectiva de nuevos mercados gigantescos, tanto desde el punto de vista de las exportaciones de las grandes potencias como para el reclutamiento de una mano de obra que sigue siendo barata. El informe se extasía: “El África de finales del siglo XIX, era treinta millones de habitantes en treinta millones de kilómetros cuadrados. Un continente vacío. El áfrica de 2050, serán dos millardos de habitantes, esencialmente urbanos”.

Este nuevo Eldorado es tanto más atractivo cuando se comparan las prácticamente nulas tasas de crecimiento en Europa a las del 5% del África subsahariana. Por tanto, en el contexto del marasmo económico mundial, África aparece como una nueva fuente potencial de beneficios.

El miedo de la burguesía francesa se comprende tanto mejor en la medida que la parte de las inversiones extranjeras directas (IDE) en África ha pasado del 3,2% al 5,6% en el curso de los cinco últimos años, mientras que a nivel mundial bajaban el 18,3% en 2012 en relación al año precedente, sin recuperación en 2013, y que ciertos países africanos, como Guinea, ponen en pie medidas proteccionistas.

La República Centroafricana, terreno de la reorientación

Se trata por tanto de reaccionar rápidamente. El informe Védrine habla de “poner al día todas las palancas de influencia francesa en el continente” o también de “estar presentes en todos los lugares en los que se toman decisiones económicas públicas y privadas sobre África”.

Lista los puntos de apoyo del imperialismo francés: sus grandes grupos industriales, la ayuda pública al desarrollo (cuya utilidad para hacer y deshacer gobiernos a la vez que se promovían empresas propias había mostrado François Xavier Verschave) y la presencia militar. La “cumbre África-Francia por la paz y la seguridad” ha llegado en el momento adecuado para decidir la formación de 20 000 soldados africanos por año, por instructores bajo encuadramiento francés. El informe abunda también en el sentido de la política migratoria de Sarkozy, que deseaba facilitar los visados a los estudiantes de alto nivel y a los agentes económicos, aún a costa de bloquear completamente a los emigrantes de las categorías más pobres.

La República Centroafricana debe servir para lanzar esta nueva política. Es un país sin infraestructuras (pocas carreteras, hospitales, escuelas y agua potable), el 70% de cuya población se sitúa bajo el umbral de la pobreza, con una esperanza de vida de 44 años. Al mismo tiempo, allí las empresas francesas están muy presentes (Air France, Bolloré en el ferrocarril y la explotación forestal, Total, Orange,...) mientras que el Estado está desestructurado y los diferentes grupos políticos son demasiado débiles para hacer algo sin contar con Francia.

Se trata por tanto de un terreno ideal para poner en marcha una nueva política imperialista en África. La situación geográfica particular de República Centroafricana, en medio del continente, refuerza su utilidad para lanzarse a la reconquista de África. Y qué importan los miles de muertos si ello refuerza los beneficios de las sociedades del CAC40...(índice bursátil francés ndt).

Anticapitaliste, revue nº 52. Marzo de 2014.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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