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Tribuna VIENTO SUR
Tres años de indignación. Del 15M a las Marchas de la Dignidad
19/05/2014 | Jaime Pastor

En estos días hemos celebrado el tercer aniversario del 15M y en distintos foros de reflexión se ha podido recordar el Acontecimiento que dio lugar a un nuevo ciclo de protestas y con ellas a una “expansión del campo de lo posible”, recreando un amplio y plural espacio público para la acción política ajena a la institucional. Se fue generando así una larga relación de iniciativas, surgidas en una simbiosis creciente entre las redes sociales, las plazas y las calles de tantos lugares, con mayor o menor fortuna, pero todas ellas sacando a la luz que algo estaba cambiando en el paisaje y el clima político, en contraste con la neolengua de un poder empeñado en seguir instalando en las mentes de la gente la cultura del cinismo, el miedo y la resignación.

Eslóganes como “No somos mercancía de políticos y banqueros”, “No es una crisis, es una estafa”, “No nos representan”, “Democracia real ya”, son apenas algunos ejemplos del nuevo discurso emergente que surgió de esa impugnación de la cultura política de la “Transición”, del régimen del 78 y de la “clase política” corrupta. Una denuncia que iba acompañada por los hechos, por la demostración de que “otra política y otra forma de hacerla es posible”, si bien fue esto último lo que dio mayor legitimidad al movimiento: la práctica de una democracia asamblearia incluyente y sin liderazgos, así como de un repertorio de formas de acción diversas, innovadoras y a la vez no violentas y disruptivas. Todo esto desde una reivindicación de su autonomía frente a viejas y nuevas organizaciones políticas, sindicales y sociales, con un lado “adanista” controvertido pero con una sana voluntad de “reiniciar” la construcción de nuevos sujetos colectivos.

Desde entonces, se puso en marcha un intenso ciclo de movilizaciones, con momentos álgidos y otros de reflujo, pero con una confianza creciente en que “sí, se puede” luchar contra el golpe de Estado financiero puesto en marcha con el pretexto de “la crisis”. Como ya se ha escrito y reconocido desde muchos ámbitos, quizás la confluencia de los y las activistas del 15M con la Plataforma de Afectados/as por las Hipotecas (PAH) haya sido hasta ahora el mejor ejemplo de éxito compartido, no sustancial en el plano legal pero sí relevante tanto en el plano de la deslegitimación de la política de los desahucios como en la legitimación de formas de alteración del “orden” menos corrientes, como los escraches.

Llegarían luego la Coordinadora 25S (con su inicio ascendente y su relativo declive posterior), las Mareas -la Verde, la Blanca (sin duda la más relevante y exitosa en el caso de la Comunidad de Madrid), pero también la, más reciente, la Granate de la juventud exiliada-; la Marea Ciudadana, ensayo de confluencia de distintas mareas y movimientos (con el 23F de 2013 “contra los recortes y por una verdadera Democracia” como nuevo hito movilizador), o el “Fuera Mafia” el 5 de octubre de 2013. Junto con multitud de actividades de todo tipo, incluyendo nuevos laboratorios de una “política prefigurativa” de otro mundo posible, con un sector de economía social, solidaria, de redistribución de los cuidados y ecológica en alza.

Entrando ya en el último año, si la estructura organizada de las Asambleas del 15M se ha debilitado en muchas partes, no por ello muchas de sus asambleas, redes, comisiones, grupos de trabajo y medios de comunicación (como el periódico de asambleas 15M de Madrid www.madrid15m.org ) han dejado de funcionar, coordinarse y, sobre todo, dialogar cooperativamente durante todo este tiempo. Con todo, cabe reconocer que la convergencia de este movimiento con las Mareas no ha logrado romper el bloqueo institucional de un régimen que, con su contrarreforma exprés del artículo 135 de la Constitución del 78 en pleno agosto de 2011 y, luego, la mayoría absoluta parlamentaria del PP en noviembre de 2011, ha ido blindando su terapia de choque al servicio de la dictadura de la deuda. Una política que ha ido acompañada de una reafirmación neoconservadora (ley anti-aborto, ley Wert…), neocentralista y autoritaria que intenta, con viejas y nuevas formas –como la “burorrepresión” y, ahora, la anunciada “ley mordaza”-, sembrar el miedo a la protesta. En resumen, un proyecto de refundación del régimen en el marco de una UE que muestra ya, sin reparos, su cara más antidemocrática y austericida, alejando así toda ilusión en su “regeneración” interna.

Frente a ese “giro” tampoco los esfuerzos por dar una respuesta común a la “Troika” (FMI, CE, BCE) en alianza con redes afines de Portugal, Grecia e Italia, reflejados sobre todo en la jornada del 1 de junio de 2013 (“Pueblos unidos contra la Troika”), dieron frutos esperanzadores. Se constataba así la dificultad de pasar a una escala superior a la estatal, pese a la percepción creciente de que los gobiernos respectivos, con sus “rescates” a los especuladores, están al servicio de los dictados de la Troika y, por lo tanto, ésta es el “enemigo” al que también habría que apuntar.

“Sí, se puede…pero no quieren, ¡hay que echarlos!”

En medio de las reflexiones sobre las debilidades y fortalezas de ese amplio espacio creado por el 15M, no sorprende que haya pasado a primer plano el debate sobre la necesidad o no de que el poder social con el que se han ido dotando los nuevos actores y actrices, individuales y colectivos, vaya acompañado de nuevas herramientas políticas que, sin pretender “representar” al 15M, sirvan para desafiar al gobierno y al régimen bipartidista en el plano institucional y, por tanto, electoral. En realidad, es la discusión en torno a si la intervención en las contiendas electorales puede ayudar o no a dar pasos adelante hacia un proceso destituyente de este régimen “sin engañarse y sin desnaturalizarse”, como recomendaba Manuel Sacristán ante pruebas semejantes. En ésas estamos, con la consiguiente división de opiniones, y con iniciativas como el Partido X y Podemos –con las elecciones europeas como primer ensayo- dispuestas a responder a esa preocupación buscando desestabilizar el sistema bipartidista actual y dar un nuevo aliento a la apuesta por una “democracia real”.

Simultáneamente, el “efecto contagio” continúa y el año 2014 llegó también con la irrupción pública de la protesta del movimiento vecinal de Gamonal contra el proyecto urbanístico del ayuntamiento burgalés del PP y su paralización final. Un resultado al que no fue ajena la disposición a la solidaridad inmediata de muchas redes sociales surgidas al calor del 15M, demostrando así que seguían disponibles para salir de su aparente letargo siempre que hiciera falta. Fue el miedo a la difusión rápida de esa experiencia –incluso bajo la forma de violencia contra las cosas, a la que tuvo que recurrir ese movimiento tras el agotamiento de muchas otras, incluido un referéndum alternativo- el que llevó al PP a renunciar a ese proyecto. Cabía esperar que ese ejemplo cundiera y existen ya síntomas claros de renacimiento de un movimiento vecinal en muy distintas localidades, con Alcázar de San Juan -y su referéndum contra la privatización del agua- como experiencia más cercana en el tiempo. Un dato muy esperanzador tanto para que la protesta –y la propuesta- consiga mayor anclaje social como para que puedan prepararse las elecciones municipales en unas condiciones más favorables no solo para reivindicar el derecho a la ciudad sino también para dar credibilidad al horizonte de una ruptura constituyente.

Paralelamente, desde mediados de 2013 la convocatoria de las Marchas de la Dignidad emprendía su intenso y extenso trabajo, con el protagonismo del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) y los Campamentos Dignidad de Extremadura, pero con la creciente implicación de muchas organizaciones y redes sociales de todo el Estado, incluidas Asambleas del 15M así como de luchas obreras en curso. Su confluencia en Madrid el pasado 22 de marzo fue un indudable éxito de participación, por desgracia ensombrecido por la operación represiva desencadenada por el gobierno ese mismo día. Frente a ese boicot policial y mediático, es necesario recordar que esas Marchas, con sus objetivos de “No al pago de la deuda; Ni un recorte más; Fuera los gobiernos de la Troika; Pan, trabajo y techo para todos y todas”, han marcado un nuevo hito en la movilización y en la fijación de unas demandas comunes que, esperemos, tengan continuidad en futuras iniciativas, a ser posible más unitarias, como la convocada para el próximo 21 de junio.

Otro dato positivo de esas Marchas ha sido, a diferencia de lo vivido hasta ahora dentro del 15M en general, la dimensión plurinacional que han tenido mediante la participación de organizaciones catalanas, gallegas y, aunque menos, vascas en ellas –algo que desde los tiempos del movimiento antiOTAN no se recordaba- y el uso en su convocatoria de las distintas lenguas del Estado. Esa mirada plurinacional y plurilingüística desde abajo se hace más necesaria si cabe a la vista del desafío que desde Catalunya se está haciendo al Estado con el anuncio de la voluntad de convocar una consulta el próximo 9 de noviembre sobre su propio futuro, incluyendo la opción de la independencia. Ser capaces de ver esa demanda democrática como una oportunidad –y no como una “amenaza”- para golpear juntos y debilitar así a este régimen, extendiendo el derecho a decidir y la reivindicación de la soberanía popular a otras materias como el rechazo al pago de la deuda, debería ser también tarea del “movimiento de movimientos” indignado.

Entramos así en una nueva fase en la que ojalá se pueda ir acumulando mayor fuerza colectiva y demostrar que, frente al agotamiento del doble relato en que se ha apoyado hasta ahora el bloque de poder dominante -el del régimen intocable de la Transición y el del presunto “modelo social” de la UE- es posible ir generando otros alternativos aquí y en Europa.

19/05/2014

Jaime Pastor es editor de VIENTO SUR



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