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Túnez
Azyz Amami y los límites de la transición democrática
26/05/2014 | Jérôme Heurtaux

El viernes 23 de mayo dos adultos de 27 y 31 años han comparecido ante un tribunal tunecino por posesión de estupefacientes. Podían ser condenados a entre uno y cinco años de prisión firme y una multa de 1000 a 3000 dinares (450 a 1350 euros). Como consecuencia de una gran movilización en su favor y de fuertes presiones, han obtenido finalmente un sobreseimiento por “vicio de procedimiento”, evitando así sumarse en alguna prisión sobrepoblada a la masa de los condenados por posesión o consumo de cannabis.

Si su liberación es una muy buena noticia, sería lamentable que la atención pública que ha agitado este asunto vuelva a decaer tan rápidamente como se ha levantado.

Una de las personas liberadas el viernes es una personalidad pública en Túnez: a través del caso Azyz Amami, miles de otros casos son susceptibles de acceder a la agenda pública. Numerosos tunecinos denuncian desde hace años el contenido de la “ley 52” /1 y la interpretación rigurosa que se hace de ella por los policías y los jueces, hasta el punto de que un poco más de la tercera parte de los detenidos lo son en relación con la droga y una gran mayoría de ellos por consumo y/o posesión de cannabis /2. La distinción es importante, pues en Túnez te pueden detener por simple presunción, a veces con violencia -como es, en verdad, este caso- y ser confundido ulteriormente por un análisis de orina. Un cierto número de personalidades del mundo artístico y mediático y algunos representantes de partidos políticos se han movilizado en favor de una revisión de la ley, juzgada como demasiado rigurosa y aplicada por los policías de forma literal. Incluso el Primer Ministro Mehdi Jomaa se ha pronunciado en este sentido, contribuyendo a un proceso de politización del que surge la pregunta de hasta dónde puede llegar. La constitución adoptada el 26 de enero pasado prohíbe normalmente a la Asamblea Nacional Constituyente tomar la iniciativa de un proyecto de ley sobre este tipo de temas. Por tanto, corresponde actuar al gobierno el, pero la legitimidad de éste se basa en la “competencia” de sus miembros que se prohíben normalmente “hacer política” (en Túnez hay actualmente un gobierno “tecnocrático”, de “consenso” ndt): no es seguro que el proyecto de flexibilizar esta ley pueda crear “consenso”, tanto más en la medida en que muchos tienen otro punto de vista sobre las prioridades del país.

Además, la violenta detención de Azyz y Sabri, que no es la primera, da luz sobre la dificultad de la policía para romper con los métodos del pasado. La violencia policial sigue siendo algo corriente /3, la tortura no ha sido erradicada. El procedimiento penal, que permite a los policías interrogar a un sospechoso hasta seis días sin la asistencia de un abogado, la ausencia de circunstancias atenuantes que obliga a los jueces a condenar, son lógicamente cada vez más puestas en cuestión. Es sin duda abusivo, como hacen numerosos militantes, denunciar el “estado policial” (que sería también un estado justiciero) y leer este arresto como el índice de una simple continuidad de las prácticas represivas del antiguo régimen, que serían impulsadas por el gobierno.

Lo que se cree saber del Ministerio del Interior y de la institución policial, instituciones desgraciadamente demasiado poco estudiadas, sugiere más bien una dispersión de los centros de poder en Túnez. Pero la extrema lentitud de la reforma de la policía y de la justicia salta a la vista con fuerza... así como la debilidad de los dirigentes del Estado, que no parecen controlar una parte de su administración. Una investigación realizada recientemente en Gafsa, bajo mi dirección, por los estudiantes del Institut Tunis-Dauphine entre la población de la ciudad (en gran parte de los medios populares) muestra que una clara mayoría de las personas entrevistadas no confían en la policía, aunque una parte afirme que es más digna de respeto que bajo el régimen precedente.

En fin, el arresto de Azyz estaba lejos de ser anodino, puesto que su personalidad es un icono, bien conocido por los actores políticos, a la vez que muy “molesta”. “La indiferencia es el peso muerto de la historia”, escribía Antonio Gramsci antes de conocer la cárcel/4. Azyz Amami está muy vivo y encarna, con un temperamento que obliga al respeto, el mejor contrapeso a la indiferencia. Bajo Ben Alí, se comprometió valientemente con el movimiento de protesta en al cuenca minera de Gafsa (2008), antes de convertirse en una de las ciber-voces de la revuelta de 2010-2011.

Bloguero, es sobre todo un activista que se implica personalmente y que desafía a las porras policiales. Y es también e indisociablemente un pensador, que maneja con mucha finura la inteligencia y la ironía. Su diálogo a través de sucesivas tribunas con Edgar Morin obliga al respeto. Tras la salida de Ben Alí, ha continuado indignándose, en particular contra las detenciones arbitrarias, la violencia policial y contra una ley que ha servido mucho tiempo como una variable de ajuste para no solo controlar o regular a las poblaciones más marginales, sino también para aplastar las oposiciones radicales.

Algunos afirman que su detención tenía relación con su compromiso político. Antes de su detención, Azyz llevaba a cabo una campaña denunciando las acciones judiciales contra jóvenes acusados de haber incendiado puestos de policía durante la revolución. En efecto, no es imposible que su detención haya representado un trofeo a ojos de los policías que le detuvieron, en la medida en que había acusado a los policías de la Goulette, precisamente el lugar donde fue detenido. Sin embargo, sería imprudente, con un Primer Ministro Mehdi Jomaa tomando tímida pero públicamente posición en su favor, analizarlo como una contrarrevolución en marcha. Ahora bien, la preocupación de quienes le apoyan y de numerosos observadores de la política tunecina que hacen de él un preso de opinión debe ser tomada en serio. Ha “caído” como muchos otros cada mes sin ser todos, ni mucho menos, activistas políticos. Pero las condiciones de su arresto levantan la duda sobre un posible ajuste de cuentas.

Es forzoso constatar que el éxito de la “transición democrática” que el gobierno dice que desea que no se base solo en el restablecimiento del crecimiento, la organización de elecciones libres y la puesta en funcionamiento de una constitución, pasa también por el abandono de la violencia policial y la revisión de procedimientos judiciales tan injustos como absurdos en el contexto de una democracia que se quiere tranquila. Se basa en la capacidad de los gobernantes de suscitar la confianza de sus administrados. La legitimidad de los procesos de que son objeto jóvenes a quienes se reprocha haber utilizado la violencia durante la revuelta de 2010-2011 está planteada. La detención de Azyz Amami y de Sabri Ben Mlouka revela, pues, los límites del proceso en curso.

Irónicamente, es haciendo callar a una voz incansablemente crítica, que denuncia ciertas derivas de la transición democrática, como se le ha dado el mejor eco. La policía tunecina se ha vuelto unos días el mejor portavoz de uno de sus críticos más incisivos. Es deseable que los actores políticos saquen de ello rápidamente todas las lecciones. Y que esta liberación no sea la excepción feliz que confirma la regla desgraciada.

24/05/2014

http://nawaat.org/portail/2014/05/24/aziz-amami-ou-les-limites-de-la-transition-democratique/

Notas

1/ http://nawaat.org/portail/tag/loi-52/. (Ver también http://www.vientosur.info/spip.php?article9065 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=185004 ndt).

2/ http://www.liberation.fr/monde/2014/01/07/tunisiederriere-l-ecran-de-fumette-la-repression_971172

3/ http://www.amnesty.org/fr/region/tunisia/report-2012#section-20-6

4/ Antonio Gramsci, Pourquoi je hais l’indifférence, Paris, Payot, Rivages poche, 2012.

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR





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