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Conflicto palestino-israelí
¿Gaza antes que Congo? ¿Palestina antes que Siria?
05/08/2014 | Alain Gresh

A cada nueva ofensiva israelí contra los palestinos, resurge la misma pregunta: ¿porqué os focalizáis sobre ese conflicto que produce bastante menos muertos que las guerras que arrasan otros países, como Congo, Siria o Irak? ¿En qué se diferencia el conflicto israelo-palestino? Para intentar responder a estas preguntas escribí De quoi la Palestine est-elle le nom?

El texto que sigue es un extracto de su conclusión. Responde en particular al periodista Hugues Serraf a propósito de la ofensiva sobre Gaza de diciembre 2008- enero 2009.

Si un muerto israelí vale lo mismo que varios muertos palestinos, ¿cuantos cadáveres congoleños valen lo mismo que un sudario gazatí? Un sencillo suelto de algunas líneas, un cable de la AFP que nadie se ha tomado la molestia de reescribir o de completar. [...] 271 personas habrían sido asesinadas dede el 25 de diciembre de 2008 en República Democrática del Congo por los hombres del Ejército de Resistencia del Señor (LRA en inglés), un grupo venido de Uganda y que se dirige hacia la República Centroafricana”.

Esto es lo que escribía el periodista Hugues Serraf durante el ataque israelí contra Gaza. La pregunta es legítima, aunque la conclusión sea problemática:

Comprender cómo Israel se ha convertido en el malvado ideal; a quien adoráis odiar sin límites puesto que solo te puede contradecir un “sionista”; cuyos crímenes comparáis sistemáticamente a los de los nazis [...] Esta especificidad de las reacciones en lo que se refiere a Israel tiene quizás mecanismos razonables que soy incapaz de comprender. Quizá es realmente posible decretar que el conflicto con los palestinos es más grave, más intenso, más trágico, en definitiva, más de todo que que cualquier otra cosa. Habrá que demostrármelo”.

Intentemos “demostrárselo”, aunque, bajo su fingida ingenuidad, la opinión de Serraf parece firme: el antisemitismo sería la explicación de esta “fijación” sobre Palestina, que permitiría expresar, sin vergüenza y sin remordimientos, ese “odio eterno” hacia los judíos. ¿Sería Palestina el nuevo nombre del antisemitismo?

El lugar de Palestina en el corazón de la Tierra Santa y de un Próximo Oriente rico en petróleo explica, en parte, el hecho de que haya ocupado a menudo, al menos desde 1967, el primer plano de la actualidad. Sin embargo esta causa, durante mucho tiempo, ha suscitado muy poca indignación. Ni los millones de refugiados amontonados en campos, ni el naufragio de todo un pueblo en 1948-1949 conmovieron a Europa, traumatizada por la Segunda Guerra Mundial. Tras 1967, la movilización de algunos grupos de extrema izquierda europeos en favor de los fedayines se inscribió en la solidaridad mundial antiimperialista, en la exaltación de la “lucha armada” y en el gran sueño de la revolución, pero se limitó a círculos poco influyentes. Fue precisa la invasión israelí de Líbano en 1982 y el desencadenamiento de la “revuelta de las piedras” –la primera Intifada– en 1987 para que la solidaridad con Palestina fuera más allá de los grupos militantes.

El número de Temps modernes publicado cuando la guerra de junio de 1967 ilustraba el malestar de la izquierda francesa, incluyendo a quienes se habían comprometido con ardor en el combate por la independencia argelina y, más en general, por la descolonización. En su prefacio a la revista, Jean-Paul Sartre no disimulaba su incomodidad:

Quería recordar solamente que existe, entre muchos de nosotros, esta determinación afectiva que no es, sin embargo, un rasgo sin importancia de nuestra subjetividad, sino un efecto general de circunstancias históricas y perfectamente objetivas que no estamos dispuestos a olvidar. Así somos alérgicos a todo lo que podría, de cerca o de lejos, parecer antisemitismo. A lo que numerosos árabes responderán: ’No somos antisemitas, sino antiisraelíes’. Sin duda tienen razón: pero, ¿pueden impedir que estos israelíes para nosotros sean también judíos?

No se pueden resumir mejor las reticencias de la izquierda europea respecto a la causa palestina.

Reticencias que lindan con la ceguera: los palestinos como tales no son siquiera evocados en 1967, cuando la amenaza sobre Israel, pintada en los términos más alarmistas en los años 1960, perdía toda consistencia real: el país, apoyado por los Estados Unidos, podía vencer a todos los ejércitos árabes reunidos. En Europa, como explicaba Sartre, se percibía este conflicto a través de las persecuciones antisemitas y “la legítima aspiración a una patria del pueblo judío”, expulsado de su tierra dos mil años antes.

Antes de volver sobre la cuestión del antisemitismo, podemos reformular la interrogante de Serraf y preguntar más bien por qué, tras un período de discreción tan largo, Palestina se ha convertido, como enunciaba el filósofo Etienne Balibar, en una “causa universal”; por qué, en enero de 2009, campesinos latino americanos, pero también jóvenes franceses y veteranos de la lucha anti-apartheid sudafricanos, han salido a la calle para denunciar la agresión israelí contra Gaza. Por qué razón una causa moviliza, en un momento dado, las opiniones de todos los continentes.

A partir de los años 1960, Vietnam (más en general, Indochina) y luego Africa del Sur ocuparon un lugar privilegiado en la actualidad internacional. ¿Estaba justificado? Los Estados Unidos explicaban entonces que el comunismo tenía la responsabilidad de crímenes bastante más graves que su intervención en Vietnam. El régimen del apartheid, por su parte, pretendía que había menos muertos en África del Sur que en determinadas dictaduras del continente africano. El asesinato del militante estudiantil Steve Biko por los policías del apartheid en septiembre de 1977, un año después de los disturbios de Soweto, suscitó más indignación que la eliminación en la misma época de miles de opositores por el dictador etíope Haile Mariam Mengistu. Es el mismo argumento que recupera Serraf cuando explica que el conflicto israelo-palestino es bastante menos mortífero que las “pequeñas guerras” en los confines de Uganda o de la República Democrática del Congo.

Así y todo. Nos lamentemos o no, la opinión pública internacional no mide sus reacciones solo según una contabilidad macabra. Pues es sensible también al alcance simbólico de las situaciones. En un momento dado, un conflicto puede en efecto expresar la “verdad” de una época, superar el marco estrecho de su localización geográfica para ganar una significación universal. A pesar de sus diferencias, Vietnam, Africa del Sur y Palestina se sitúan, las tres, en la línea de la falla entre el Norte y el Sur.

La historia del siglo pasado ha estado marcada ciertamente por las dos guerras mundiales, por la emergencia, el apogeo y la caída del comunismo y por la afirmación de la potencia de los Estados Unidos. Pero, como hemos mostrado a lo largo de los capítulos precedentes, ha visto también emanciparse del yugo colonial a la gran mayoría de la población mundial, que ha intentado conquistar el derecho a decidir su destino. Vietnam ha simbolizado la lucha de un pequeño pueblo del Tercer Mundo contra la principal potencia del norte; África del Sur ha ilustrado la revuelta contra un sistema segregacionista dominado por los blancos, última supervivencia del “colonialismo de poblamiento” europeo, Palestina cristaliza las aspiraciones a un mundo que haya pasado página de dos siglos de dominación de Occidente...

¿Qué significa Palestina?

En primer lugar, la dominación colonial de Occidente. Luego, una injusticia persistente, marcada por una violación permanente del derecho internacional. En fin, una lógica de “dos pesos, dos medidas” aplicada por los gobiernos, repetida por las Naciones Unidas y teorizada por buen número de intelectuales occidentales. En el cruce de Oriente y Occidente, del Sur y del Norte, Palestina simboliza a la vez el mundo antiguo, marcado por la hegemonía del Norte, y la gestación de un mundo nuevo fundado en el principio de la igualdad entre los pueblos.

Serraf tiene razón. La cobertura del enfrentamiento israelo-palestino obedece a reglas diferentes de las que prevalecen para los demás conflictos, e Israel es juzgado según principios especiales. En efecto, ¿qué otro ejemplo se conoce de una ocupación condenada desde hace más de cuarenta años por las Naciones Unidas sin resultados ni sanciones? ¿Qué otro caso existe de potencia conquistadora que puede instalar más de 500.000 colonos en los territorios que ocupa (política que, en derecho internacional, constituye un “crimen de guerra”) sin que la comunidad internacional emita otra cosa que condenas verbales, sin efecto ni consecuencia?

31/07/2014

http://blog.mondediplo.net/2014-07-31-Gaza-avant-le-Congo-La-Palestine-avant-la-Syrie

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

(Sobre el mismo tema, del mismo autor, leer: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=83313 ndt)





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