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Francia. Front de Gauche
Las razones de su estancamiento
21/09/2014 | Fabien Escalona

Entre 2009 y 2012, dentro de la izquierda radical, nació una agrupación sin precedentes y de bastante éxito en las urnas. Desde entonces, el Frente de Izquierda se enfrenta a un estancamiento y al retorno de las fuerzas centrífugas.

A finales de agosto, las diferentes formaciones de la izquierda radical organizaron sus universidades de verano de forma dispersa. Si el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) y Lucha Obrera (LO) hicieron, lógicamente, cada una la suya, para el Frente de Izquierdas (FdG, en francés) el contraste llama la atención respecto a años anteriores.

Mientras que en 2012 y 2013, a la “Lluvia de ideas” del Parti de Gauche (PG) fue seguida de los encuentros “Estivales” donde todos los responsables del FdGI compartieron tribuna, este añojusto han logrado convocar una reunión para ell 6 de septiembre. Ya el año pasado, Pierre Laurent (PCF) y Jean-Luc Mélenchon (PG), no se dirigieron la palabra.

Después, las elecciones municipales y europeas no hicieron más que profundizar el sentimiento de que algo se había roto en la dinámica del FdG, no solo en lo que respecta a las relaciones entre sus componentes, sino también por dificultad para movilizar a su electorado. En efecto, las elecciones europeas ofrecieron un veredicto terrible. Mientras que las de 2009 alumbraron el advenimiento del FDG, estas últimas prácticamente, lejos de las expectativas, apenas superaron los resultados de las anteriores.

Este retorno al punto de partida da la impresión trágica de que todo lo que ocurrió desde entonces, sobretodo los 4 millones de votos obtenidos en las presidenciales de 2012, no ha servido para nada. Por otra parte, este estancamiento se produce en un contexto de retroceso del resto de la izquierda, así como de la marginación de la extrema izquierda, en cuyo seno el NPA se ha derrumbado, cuando hace cinco años fue considerado un serio competidor para el FdG.

A partir de ahora, los diferentes actores están tratando de aprender la lección, con Mélenchon habiendo optado por llevar de otra forma su batalla política, dejando a la co-presidencia de su partido.

No sería prudente reducir lo que pasó entre 2009 y 2012 a incidentes intrascendentes. Por un lado, esta corta experiencia muestra un gran potencial, aunque sea limitado, para la existencia de una fuerza de la izquierda radical significativa. Por otra parte, asistimos a una nueva relación fuerzas en este espacio político que lucha por su supervivencia. El peso de la extrema izquierda. del NPA y LO, se ha reducido en gran medida aún cuando sus candidaturas alcanzaron el 10% de los votos el 21 de abril 2002. Esta última evolución se inscribe en la derechización de los partidos del sistema desde la década de 1980.

Por otra parte, no se puede deducir de esta trayectoria en forma de “ascenso emocional” que el fracaso era inevitable. Si el del NPA (fruto de una evolución de la LCR en febrero de 2009) era obvio en sus primeros años de existencia, el del FdG se explica, ciertamente, por ciertas razones estructurales, pero también está asociado a la gestión del periodo posterior a las elecciones presidenciales.

El éxito del reagrupamiento de la izquierda a expensas del NPA

El FdeG emanó como producto de un dinámica unitaria, aunque controvertida en el seno de izquierda radical, del pasado. Aún cuando la campaña por el "no" al Tratado Constitucional Europeo (2005) supuso una etapa a la vez crucial e iniciática para muchos líderes y militantes, este espacio político no pudo escapar a las dinámicas centrífugas a medida que se aproximan las elecciones presidenciales de 2007.

Como analizams con Mathieu Vieira, el año 2009 se presenta como una “ventana de oportunidad” para la concreción organizativa y electoral de esta dinámica.

El FdG afronta las elecciones europeas denunciando la adopción del Tratado de Lisboa por una mayoría de parlamentarios de la UMP y el PS, a pesar de que difería sólo marginalmente del rechazado en 2005. Reuniendo al PCF, el PG y un grupo disidente de la ex-LCR, la coalición logró superar finalmente al NPA ganando en la competencia por la hegemonía en el espacio político de la izquierda radical.

De hecho, el NPA conoce muy rápido una desafección creciente y bajas masivas. Para mi, los factores que explican este colapso son principalmente:

1• Una cultura y una organización inadaptadas a la afluencia inicial de nuevos militantes poco o nada formados

2• Una estrategia rápidamente percibida como sectaria, sobre todo en comparación con la dinámica del FdG que jugaba a ser el resorte de “la unión de la (verdadera) izquierda”

3• El papel de Olivier Besancenot distanciándose de su rol de líder político, por otro lado, coherentemente con su concepción "movimientista" de la política.

Mientras tanto, el FdG continúo ampliando su espacio, agregando hasta nueve organizaciones en 2012, entre ellas varios disidentes del NPA/1. El FdG tiende a incorporar cada más a los sectores más modernas y motrices en la estructuración europea de la familia de izquierda radical sobre las ruinas de la familia comunista. Sin embargo, no hay nada mecánico en esta versión francesa de un modelo más amplio.. Desde este punto de vista, la disidencia de Mélenchon [ruptura con el PS] y su trabajo político posterior ha sido un catalizador esencial.

Su autonomización creciente en relación al PG y del FdG es más que simbólica. Refleja las dificultades y limitaciones de la herramienta “Front de Gauche”. Más allá de un golpe de efecto, su intención no es, sin embargo, romper la coalición, una opción por la que nadie tiene un interés real, sobre todo en un contexto en que la debilidad de toda la izquierda puede amenazar incluso la existencia misma de su franja más radical.

El problema de las fuerzas centrífugas

Se pueden descartar algunas explicaciones simplistas sobre el estancamiento del FdG y su incapacidad para aprovechar las mala situación del PS en el poder, como los que plantean la salida del euro como el talismán que habría faltado a esta fuerza política. Sin embargo, tenemos que admitir que la compleja posición adoptada sobre el tema ayudó a oscurecer el mensaje global. De hecho, una primera fuente de dificultad radica en la calidad mediocre de las campañas electorales, en gran parte debido a las divisiones entre el PCF (pero también por la parte de la GU (Izquierda Unitaria, escisión de la LCR a las vísperas e fundar el NPA) Picquet y el resto del FdG.

En el centro de estas divisiones está el problema del grado de autonomía a mantener frente al PS, que reflejan tanto posiciones estratégicas diferentes como divergentes intereses organizativos. Para decirlo sin rodeos, las formaciones más pequeñas del FdG no tienen una red de electos a preservar ni un aparato de permanente a mantener.

Las divisiones centrales están en el grado de autonomía a mantener frente al PS
Esta oposición es, sin embargo, menos dicotómica de lo que parece. Es importante señalarla para explicar también por qué las tendencias centrífugas en el FdG no conducirán necesariamente a un estallido inmediato.

Así, el poder organizativo del PCF implica ciertas cargas, pero ha proporcionado una infraestructura indispensable para la campaña presidencial a Mélenchon. Paralelamente, las innovaciones doctrinales y estratégicas aportadas por el PG (Mélenchon) hacen frente a cierta ortodoxia comunista, pero han contribuido a construir la originalidad y el atractivo del FdG.

En otras palabras, el PCF, de quedarse aislado. está abocado bien a una supervivencia marginal si queda aislado bien a convertirse en un satélite del partido socialista si acaba co su ambigüedad ante el “sistema” y se integra definitivamente en él. Sin embargo, su equilibrio actual se basa en no elegir entre estas dos opciones. Por su parte, las otras formaciones aumentarían sus electos y recursos financieros, hoy bajo mínimos, en un contexto de competencia en el que ellos están lejos de formar un bloque alternativo al PCF. Junto al PG se ha estructurado un grupo, Ensemble, que se caracteriza sobre todo por promover [en el FdG] modelo de organización “horizontal”.

El problema de la estructuración del Frente de Izquierdas

Así pues, las divisiones internas en el FdG son un handicap, sin que (¿de momento?) constituyan un peligro mortal. Por otra parte, se puede señalar también que si su punto de apogeo coincide con la desmovilización electoral de las municipales y europeas, el estancamiento de la FdG se dio ya en las primeras legislativas parciales.

Por lo tanto es necesario buscar en otro sitio el origen del estancamiento actual y esta búsqueda nos lleva a la gestión política realizada tras las presidenciales. En el último número de Regards, Clémentine Autin lleva toda la razón al señalar hasta qué punto la no renovación de las estructuras del FdG ha tenido consecuencias graves.

En primer lugar, la coalición no puedo prolongar la movilización política que se había creado en las calles y en las urnas. Mientras que su campaña estuvo inspirada en parte por la del ’no’ al TCE, no podemos ver su fracaso en el espejo del desinfle de los colectivos unitarios. Lo que está en debate es la cuestión sobre afiliación directa al FdG, así como su implicación en las luchas diarias, más allá del seguidismo sindical tradicional. Probablemente hay una nebulosa “activista” a la que la coalición todavía no está conectada, como ilustra, en sentido contrario, el ejemplo de Grenoble.

En segundo lugar, Jean-Luc Mélenchon ha aparecido como el portavoz mediático natural del FdG, pero sin garantías. El PCF, a veces descontento por el estilo de sus intervenciones, tampoco buscó renovar los órganos colectivos, podrían haber encuadrado mejor la expresión pública de los principales cargos electos. Esto ha sido especialmente problemático, ya que el ex-candidato presidencial ha sido más un instrumento de los medios de comunicación de lo que estos han sido para él, lo que probablemente explica su distanciamiento actual. Mientras que el Gobierno estaba cavando su propia tumba electoral el error de Mélenchon ha sido el de no hacer otra cosa que cargar las tintas permanente, a riesgo de enfadar un parte de su electorado que buscaba un enfoque más constructivo e incluyente.

Los problemas estructurales o “la doble ausencia”

Si las divisiones en el FdG y si su estructuración inadecuada tras las presidenciales han supuesto un problema, existe finalmente causas mucho más profundas de los "límites" a los que actualmente se ve confrontada la coalición.

Si bien la derechización del PS le abre un espacio, el Frente de Izquierda está atrapado.

Una de las causas, a la que los distintos sectores del FdG no pueden responder directamente, consiste en la ausencia de un movimiento social autónomo fuerte en Francia. Los avances de la izquierda radical en Grecia y en España no pueden entenderse al margen de la movilización y la capacidad de los partidos para integrarse en ella de forma inteligente. No hay duda que si existiera un movimiento de este tipo, los problemas de organización de FdG se reducirían a una proporción mucho menor.

La forma en que se refleja la crisis en Francia, el retroceso del movimiento obrero durante estas tres décadas y las derrotas sufridas (al menos) desde el 2003, rinden cuentan sobre esta ausencia. Por cierto, esto también crea dificultades al NPA, que se ha construido sobre una concepción ampliamente movimientista de la transformación social, considerando que en un contexto burgués las elecciones son simplemente una ocasión para la propaganda. Por lo tanto, no es sorprendente que su situación sea peor que la del FdG, mucho más integrado en la democracia representativa.

Hay otras causas en las dificultades estructurales de los componentes del FdG. Por ejemplo, la definición de un proyecto verdaderamente alternativo, combinando la credibilidad y utopía movilizadora.. Paradójicamente, el FdG no se beneficia actualmente ni de lo uno ni de lo otro para atraer a nuevos segmentos de la sociedad.

Mientras que la derechización del PS le abre un espacio, el FdG sigue atrapado. De hecho, las viejas recetas tradicionales del keynesianismo ya no se adaptan a los retos actuales. La mayoría de los miembros del FdG también son conscientes de ello, lo que no impide que a veces dé la impresión de que están tratando de restaurar algún tipo de una verdadera socialdemocracia. De forma confusa, esta fuerza política tiende hacia un modelo de sociedad alternativa que sólo algunos de sus componentes están tratando de definir.

De alguna manera, estas dos ausencias se refuerzan mutuamente, en la medida que una alternativa utópica a la sociedad de mercado sigue siendo puramente literaria y sin consecuencia política, si no se materializa en luchas o en experiencias prácticas.

En su forma actual, el FdG no está preparado para responder a esta doble ausencia al mismo tiempo que guardando su espacio electoral. Esta es una de las razones esenciales del “cambio de dispositivo” promovido por Mélenchon para este otoño.

5/09/2014

Fabien Escalona

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article32958

Notas

1/ Además del PCF, el PG y la GU, (ex-LCR), la coalición incluye ahora a Repúblique et Socialisme (ex-MRC), la Fédération pour une alternative sociale et écologique (Fase), Convergences et alternative (C&A, ex-NPA, salida de la misma corriente que la GU), el Parti communiste des ouvriers de France (PCOF), la Gauche anticapitaliste (GA, ex-NPA, corriente ecosocialista), y Alternatifs.

Traducción: VIENTO SUR



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