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Italia
Milán, 18 de octubre: una movilización reaccionaria
04/11/2014 | Charles-André Udry

Tras la consigna de “¡Alto a la invasión!”, decenas de miles de manifestantes –según la fuente, las cifras varían en la proporción de 1 a 10– desfilaron
por las calles de Milán el pasado 18 de octubre. La manifestación la organizó la Liga Norte, una formación etnorregionalista, de derecha extrema, que en el
curso de los últimos años ha concitado cierto apoyo electoral y en parte cuenta con una presencia organizativa a escala de toda Italia. Hay que señalar
asimismo la asistencia de uno o dos millares de militantes organizados del grupo fascista Casapound, que ya actuó en las llamadas manifestaciones de las
horcas (forconi) a finales de 2013. La Liga Norte, al igual que diversas fuerzas políticas afines en Europa, cabalga sobre la “ola antiinmigración”, que no
es consecuencia mecánica de la crisis socioeconómica, sino el resultado combinado de una xenofobia alimentada desde arriba, institucional, legalizada a
escala europea, y el callejón sin salida al que conducen las políticas burguesas de los llamados socioliberales, orientación que lógicamente prima la
cuestión seguritaria, terreno en el que los y las inmigrantes constituyen el primer objetivo.

Esto se articula, como ya hemos escrito, con la aparente contradicción entre la transnacionalización neoliberal por un lado, y la “guerra competitiva” por
otro, basada en temáticas nacionalistas, de “unidad nacional” y calificada de necesaria en el marco de la “guerra económica entre países a escala mundial”.
Para ocultar los enfrentamientos de clase en el seno de cada formación social en el contexto de los enfrentamientos interimperialistas, las clases
dominantes utilizan un discurso político eficaz en el que los temas de “consenso”, de “pactos sociales”, de “acuerdos en que todos salen ganando” allanan
el camino a una integración casi total de los aparatos políticos, sociales y sindicales vinculados históricamente al movimiento obrero surgido del siglo
XIX y de una parte del siglo XX.

Sin tener clara esta perspectiva, el análisis de esta movilización reaccionaria, xenófoba y racista –en cuyas filas marcharon fuerzas militantes
abiertamente fascistas, todavía minoritarias– puede llevar a una conclusión sesgada y fatalista: el fascismo llama a la puerta, lo que justifica todas las
políticas de compromiso con las escorias de la socialdemocracia. Una orientación muy distinta de una política de unidad de acción con todas las fuerzas
dispuestas a combatir las políticas de austeridad; los ataques a los derechos sindicales y democráticos; las medidas discriminatorias contra los
inmigrantes extraeuropeos, los gitanos (que en muchos casos son ciudadanos europeos), los trabajadores asalariados de los países miembros de la UE que
supuestamente “abusan” de los derechos sociales en otro país miembro de la UE. Además, sin inscribir estas movilizaciones contra los inmigrnates en esta
fase particular de la crisis del capitalismo –que se expresa no solo económica y socialmente, sino también en los ámbitos de la sociedad, la cultura, la
enseñanza, etc.–, se adopta rápidamente un discurso ante todo moralista, con la trampa de que una moral no clasista (no privativa) prolonga los “sermones”
de los “republicanos realistas”.

Un discurso que cunde en el semidesierto cultivado por el PCI y sus epígonos

El 18 de octubre de 2014, en la plaza del Duomo, el jefe de orquesta visible era Matteo Salvini, secretario de la Liga Norte. Ante una plaza atestada,
afirmó: “Los ladrones y los racistas están en otras plazas y no aquí. La utilización del término “ladrón” remite tanto al inmigrante
como a los miembros de la “casta política” italiana, una categoría empleada por la derecha en Italia/1 y también, con escasa precaución,
por dirigentes “populistas” de Podemos (Pablo Iglesias) en España. El término “racista” permite caracterizar al inmigrante racista (“racismo antiblanco”)
que no respeta al “italiano de origen” y a quienes en Italia son “racistas contra los habitantes del Norte” debido a su política fiscal, es decir, a los
diversos gobiernos. Esta parte del discurso está destinada a los pequeños comerciantes “acribillados a impuestos”.

No comprender la polisemia social de este discurso denota simplemente la ignorancia de las sacudidas que atraviesan a la sociedad italiana. Ahora bien, en
su seno el “Partido Comunista” (es decir, un partido estalinizado que ha reescrito sin cesar su historia oficial para justificar su evolución) disponía de
una fuerte presencia institucional regional y social, así como un relato supuestamente cultural. Al organizar su disolución, después de haber ocultado,
falsificado o negado sus opciones políticas en sentido amplio, abrió grietas que engulleron a decenas de miles de militantes; allanó el camino a una
contraofensiva reaccionaria en relación con la Resistencia, el antifascismo, posteriormente el ascenso obrero de los años 1960-1980 y el viraje llamado
liberista a partir de la segunda mitad de los años ochenta; suscitó como reacción el relanzamiento de un neoestalinismo nostálgico, pretendidamente sutil,
que encontramos en intelectuales como Domenico Losurdo (véase su Stalin, historia y crítica de una leyenda negra) o en la revista L’Ernesto. Estas corrientes son sumamente campistas, como reflejan sus posiciones tanto con respecto a Siria como a la Rusia de Putin o la China
de Xi Jinping. El conjunto se desarrolla bajo un manto de antiimperialismo, antivaticanismo y apoyo miope a gobiernos supuestamente progresistas de
Venezuela y Ecuador.

Por motivos de eficacia política, Salvini insistió en un tema: “Estamos aquí porque estamos en contra de los clandestinos, y punto”. Una
afirmación que aparece también en la campaña electoral de Forza Italia, la formación de Berlusconi, que tiene lugar actualmente en la región de Bolonia. Al
igual que Berlusconi, Salvini rindió homenaje a Putin. En efecto, este último también lucha contra los inmigrantes clandestinos en su país, procedentes del
Cáucaso, y contra el “terrorismo islámico”. También estableció el vínculo con Marine Le Pen: la oposición a los Acuerdos de Schengen se concreta en la
reivindicación de la instauración de “auténticos muros de control” en cada país, con derecho de devolución inmediata. Uno puede escuchar a militantes de la
Liga Norte y de Forza Italia decir que “el gobierno Renzi va a buscar con buques de la armada italiana a migrantes en Libia” (sic).

La Liga Norte, Maroni y la afirmación de una derecha extrema

Presente en el estrado el pasado 18 de octubre, Roberto Maroni entonó el himno antiimigrantes delante del secretario nacional Salvini. Después de militar
en grupos marxistas-leninistas y más tarde en Democrazia Proletaria hasta 1979, Roberto Maroni pasó a ser miembro fundador de la Liga Norte en 1984, junto
con Umberto Bossi. Fue ministro del Interior en 1994-1995, habiendo ocupado previamente el cargo de jefe del grupo parlamentario de la Liga Norte en 1993.
Posteriormente dirigió el ministerio de Trabajo de 2002 à 2006, y luego nuevamente el ministerio del Interior de 2008 a noviembre de 2011. Todo ello en los
gobiernos de Silvio Berlusconi, donde permaneció hasta que el Cavaliere tuvo que abandonar el Quirinal, es decir, la presidencia del Consejo de
Ministros.

En el ejercicio de estos cargos, Maroni pudo “gestionar” la inserción hiperprecaria de los llamados inmigrantes irregulares en el “mercado laboral”
italiano –de la construcción a la hostelería y al turismo, pasando por la agricultura estacional o las empresas de limpieza o de recogida de basura
privadas amparadas por los ayuntamientos mediante subcontratas jugosas para los dirigentes de turno– y utilizar el palo represivo, instrumento
complementario de la gestión de la llamada “economía sumergida”, denunciada regularmente por quienes la nutren. Entre las medidas de “seguridad” que
introdujo Maroni –y que hoy en día las instituciones consideran normales– figuran la confiscación de pisos alquilados a “clandestinos” que residen y
trabajan desde hace años en Italia; el derecho otorgado a las instancias municipales de adoptar medidas “de orden” si es preciso, abriendo la puerta a la
acción de milicias “ciudadanas”. Finalmente, incorporó a las policías locales a las tareas de vigilancia del territorio: en 2009, el “decreto Maroni” (ley
de 23 de abril de 2009, n.º 38) oficialiazó la creación de “asociaciones de observadores voluntarios” (las célebres rondas) que, registradas en
las delegaciones del gobierno, intervienen en tareas de control de migrantes, gitanos y todas las actividades que se asocia con ellos, como la
prostitución, el robo, el tráfico de drogas, etc. El afán de Maroni fue tal que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, condenó
su acción por haber devuelto a Libia –sus relaciones con Gadafi eran excelentes– a refugiados libios, somalíes y eritreos. Esta medida violaba el artículo
3 de la Convención de Derechos Humanos, pues estas personas fueron sometidas –antes de su salida y todavía más a raíz de su “retorno”– a tratos inhumanos
en las cárceles de Gadafi, entre otros las violaciones que Maroni debió de considerar más “aceptables” que el “delito” de prostitución que despreciaba el
jefe de su gobierno, el Cavaliere, pues los contratos de exhibiciones artísticas favorecen el auge cultural de Italia.

El reciclaje de Maroni pasó por la presidencia de la Junta de la región de Lombardía, con el apoyo de fuerzas como el Partido de la Libertad, de listas
cívicas y del que fue presidente de la región de abril de 1995 a marzo de 2013: Roberto Formigoni. Este miembro histórico de la Democracia Cristiana, y
posteriormente del PPI (Partido Popular Italiano), después de pasar temporadas bastante breves en diversos partidos, aterrizó en Forza Italia de 1999 a
2009, para pasar después al Partido de la Libertad. Maroni ganó las elecciones de febrero de 2013 con el 42,1 % de los votos frente al candidato del
“centro izquierda” Umberto Ambrosoli, que contaba con el apoyo de las llamadas fuerzas de izquierda.

El posicionamiento de Maroni en el complejo sistema de las regiones del norte (Véneto, Lombardía y Piemonte) es pues significativo, ya que articula una
figura “regional” con una proyección nacional. Habló de temas económicos para atacar al gobierno de Renzi, que “quiere cerrar hospitales” al
amparo de la “ley de estabilidad” (recortes sociales). Al mismo tiempo, afirma que hay que prepararse para una “revuelta fiscal”, haciéndose eco de una
reivindicación de los pequeños comerciantes, que dicen que son víctimas de una “expropiación” fiscal del 57 %, no pueden practicar la evasión fiscal como
las grandes empresas y se oponen a un aumento del IVA (impuesto indirecto), que contrae el mercado interior. En Italia, los impuestos directos los pagan
sobre todo los trabajadores asalariados a través del sistema de retenciones.

Ante semejante arenga con pretensión programática se plantea la necesaria y urgente combinación de la movilización unitaria de los y las trabajadoras en
torno a reivindicaciones concretas, la lucha por los derechos sociales y sindicales de todos y el cuestionamiento de la política de austeridad del gobierno
Renzi, que está liquidando a marchas forzadas el Código de Trabajo surgido de las movilizaciones de finales de los años sesenta y setenta. Sin ese conjunto
de reivindicaciones presentadas con una pedagogía ilustrada –partiendo de lo que sienten los sectores asalariados autóctonos e inmigrantes y de sus
experiencias– es imposible armar una contraofensiva eficaz contra esta movilización socialracista. Esta última no solo divide a los trabajadores, sino que
instila un neocorporativismo mortal cuyo ascenso viene de lejos.

Los alcaldes de la Liga Norte –que afirman que quieren tomar el control de la calle– partieron de la Porta Venezia para llegar a la plaza del Duomo. Esto
otorgaba una audiencia particular al discurso pronunciado por el eurodiputado Mario Borghesio, quien en 2009 apoyó la convención identitaria /2. Se perfila con un enfoque de la situación política internacional de tipo complotista, denunciando a menudo al grupo Bilderberg. El 18
de octubre declaró: “Hoy nace una Liga grande, inmensa, que ya no tiene fronteras políticas ni geográficas, pero que defiende las fronteras del país, queridos Alfano
[antiguo mano derecha de Berlusconi, aliado del gobierno Renzi] y Renzi.” Antes de llegar a la plaza del Duomo, los y las manifestantes se
detuvieron delante del palacio Marino (palacio del siglo XVI que se encuentra en la plaza de la Scala y que tomó el nombre de un comerciante de Génova) y
lanzaron la consigna: “La mezquita de Milán no la queremos. Una de las cabezas de turco de los manifestantes fue el presidente Giorgio
Napolitano, antiguo miembro de la “derecha” del Partido Comunista Italiano (PCI) que lleva las riendas de la reforma constitucional encaminada a ajustar la
“gobernanza” del Estado a las necesidades de la alta burguesía italiana.

El objetivo local al que apuntaba era Giuliano Pisapia, el alcalde de Milán, hijo de un célebre jurista que redactó el Código de Procedimiento Penal
italiano, Gian Domenico Pisapia. Giuliano Pisapia militó en Democracia Proletaria, posteriormente se adhirió al PRC (Partido de la Refundación Comunista) y
en 2010 se integró en la formación SEL (Izquierda Ecología y Libertad, cuyo portavoz más conocido es Nicki Vendola). Este partido constituye un aliado de
“izquierda” del Partido Demócrata (PD) de Renzi. Giuliano Pisapia ganó las elecciones al ayuntamiento de Milán, a finales de mayo de 2011, frente a Letizia
Moratti, la candidata del Partido de la Libertad y antigua ministra de Instrucción Pública desde 2011 hasta el 17 de mayo de 2006. Moratti está
estrechamente vinculada con el importante sector de las telecomunicaciones y mantiene lazos con fondos de inversión. La polarización en el seno de la
derecha, deseada por la Liga Norte, y los trazos gruesos de la manifestación reflejan un proyecto político que sintoniza con un sector de la pequeña
burguesía y de los trabajadores asalariados abandonados por una “izquierda” que en gran parte está desapareciendo.

Desembarca una flota enemiga de los inmigrantes

La manifestación del 18 de octubre se inscribe en una intensa campaña televisiva que presenta una Italia tomada por oleadas de inmigrantes que arriban a
Lampedusa. Quienes “pavimentan” el fondo del cementerio mediterráneo son como fantasmas, sin hablar ya de quienes murieron en su errante deambular por el
desierto, después de haber sido maltratados, en la mayoría de los casos, más allá de lo imaginable. Ahora bien, los datos oficiales –que por cierto no
sirven como tales para elaborar un discurso en sentido contrario en un ambiente creado para hacer de caja de resonancia de lo que pretende ser la
traducción de una “realidad” que se basa en las supuestas “experiencias vividas” por “todos y cada uno”– indican que el número de inmigrantes más o menos
irregulares no se ha desbocado. Tanto las cifras facilitadas por Cáritas como las aportadas por la agencia Frontex de la UE coinciden en señalar que en
2013 los inmigrantes (o sea, los ciudadanos no italianos) sumaban en total 4.387.721 y se concentraban principalmente en Lombardía, Véneto y Emilia Romaña.
Representaban el 7,4 % de la población italiana, que sumaba 59.685.227. Según Cáritas, es probable que a esta cifra haya que añadir 300.000 irregulares.
Ahora bien, los efectos de la crisis económica y de un paro persistente han provocado, desde finales de 2011, lo que los demógrafos denominan “flujos
negativos”, un proceso conocido en España. Estos flujos son paralelos a una emigración de los países del “sur” de la UE a Alemania, Austria, Suecia o Suiza
(que no es miembro de la UE). En estos países receptores actúan fuerzas xenófobas que se apoyan asimismo en una xenofobia promovida desde arriba.

Volvamos a la “contabilidad migratoria” italiana. Existe una correlación cuantitativa entre el aumento de las migraciones –fundamentalmente “sur-sur”– y el
de la población mundial. A esto se añaden los efectos de las guerras civiles y de los conflictos regionales (en sus relaciones directas o indirectas con
intervenciones imperialistas); las repercusiones de los ajustes estructurales y del debilitamiento de las instituciones estatales de países africanos; las
crisis agrarias que alimentan las grandes ciudades en forma de transferencia de población. En un segundo tiempo, una parte de estos migrantes puede ser la
fuente de una migración hacia el Norte de una población ya urbanizada. De hecho, en el fondo se impone la constitución de un ejército de reserva industrial
globalizado, en el que hay que incluir al proletariado del sector agroindustrial. El efecto de este ejército de reserva puede observarse en la
hiperexplotación del “trabajo irregular” con la rebaja al nivel de supervivencia física del valor de cambio de la fuerza de trabajo.

El último informe publicado en www.immigrazione.it, que data de octubre de
2014, ilustra, a la luz de un estudio bien realizado, estas condiciones de trabajo de los migrantes –en gran parte sijs procedentes del Punyab– empleados
en la agricultura de la provincia de Latina. La jornada laboral es de 12 a 14 horas, con un salario (si es que se paga) de 3 euros la hora, cuando el
convenio nacional suscrito por los sindicatos lo fija en 6,40 euros. Además, cuando existe un contrato, el número de horas “registradas” en las nóminas no
tiene nada que ver con las horas realmente trabajadas: la franja de trabajo gratuito se amplía, de ahí el término de sobreexplotación en comparación con la
media social del trabajo gratuito (que está en el origen de la plusvalía) en este sector. Los trabajadores se alojan en viviendas insalubres impuestas por
una red semicriminal asociada a mayoristas y sus abogados. Encima les expropian una parte del salario en concepto de gastos de alojamiento, un
“alojamiento” que refuerza la marginación social y la discriminación.

En realidad, en este caso no se trata de jornaleros reales. Así, en la región de Pontina (Lazio)“
nos encontramos ante un empleo continuo durante periodos prolongados de un ejército de jornaleros informal que asegura la existencia de un sector
‘gris’ de ilegalidad en el que actúan con destreza algunos empresarios y sus consejeros. Una especie de trabajo garantizado materializado en un
‘contrato de explotación de duración indeterminada’

(página 3). Este sistema requiere un instrumental de chantaje, la existencia de una dependencia controlada de tipo esclavista. En este reino en
penumbra, el “irregular” desaparece del paisaje social y contractual. En realidad es la punta de lanza de una precarización en marcha de la mayoría de los
trabajadores asalariados.

La “realidad” de las cifras no determina el clima…

La proliferación de conflictos violentos (en Siria, Sudán del Sur, Eritrea, Irak, etc., así como en Mali, Pakistán y Nigeria) ha hecho que suba la “ fiebre migratoria irregular” en países como Grecia e Italia. Así, las proporciones aumentan con rapidez. El “análisis de riesgos” de Frontex prevé
un incremento de la inmigración “irregular” del 170 % entre el segundo trimestre de 2013 y el de 2014. Sin embargo, en términos absolutos, como escribe
Giancarlo Perego, director general de la Fundación Migrantes de Cáritas, la llegada de “migrantes irregulares” asciende a 150.000, de los que la mitad
intentan arribar a Gran Bretaña, Suecia, los Países Bajos, etc. En Italia se han presentado unas 45.000 solicitudes de asilo. Por tanto, existe una
diferencia entre la llegada y la residencia en el territorio italiano. Frontex constata un descenso del 22 % de esta residencia en el territorio con
respecto a 2012. El aumento afecta más a países como Noruega, Dinamarca y Alemania.

Estos pocos datos ya confirman un hecho evidente: la xenofobia impulsada desde arriba (estatal) –fomentada por las decisiones adoptadas y sus
justificaciones–, transmitida por fuerzas políticas y los grandes medios de comunicación, configura la expresión xenófoba y racista. Los resultados de los
referendos e iniciativas en Suiza demuestran que el número de inmigrantes y solicitantes de asilo (tanto en números absolutos como en porcentajes en las
distintas regiones) no guarda relación con los votos calificados de xenófobos.

Beppe Grillo y el ébola

La reacción de Beppe Grillo, el actor que dirige con mano de hierro el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), ilustra la naturaleza de este movimiento, que
recibió el apoyo de organizaciones que se autodefinen de izquierdas al llamar a votar por él cuando se presentó a las elecciones municipales de 2012. Así,
Grillo ha escrito en su blog: “Quien llega a Italia en barco es un perfecto desconocido. Es preciso identificarlo de inmediato; los refugiados deben ser admitidos, y los demás, los llamados clandestinos, deben ser devueltos a su lugar de
origen. Quien entra en Italia ha de someterse a una visita médica obligatoria a fin de proteger su salud y la de los italianos.
”. Para Grillo, “algo ha cambiado estos últimos meses. Lo que ha cambiado es la propagación del virus ébola y la guerra que libra el
Estado Islámico. “El ébola está penetrando en Europa y es tan solo una cuestión de tiempo para que se manifiesten las primeras infecciones en Italia.”. Con
un discurso que cultiva una ambigüedad tradicional, Beppe Grillo atribuye a sus afirmaciones sobre el ébola y el Estado Islámico el valor de una prueba que
por definición no se examina. Su fórmula predilecta es esta: “basta con saberlo. Acto seguido, aprovecha para denunciar a los partidos
tanto por su racismo como por su “buenismo”, es decir, por una actitud demasiado benevolente, de benefactor.

Estas manifestaciones le han valido la siguiente respuesta cínicamente realista de Vito de Filippo, subsecretario de Estado del ministerio de Sanidad,
miembro del PD y ex presidente de la región de Basilicata: “El viaje [del futuro inmigrante irregular hasta Italia] dura tanto que es sumamente improbable que lleguen personas infectadas por el virus ébola. El periodo de incubación es de unos 17 días en promedio, con un mínimo
de dos días y un máximo de 21. Quienes hayan contraído el ébola morirán mucho antes de llegar a Italia.
” El director de Cáritas Migrantes explica: “El virus llega en avión, no en patera.

De modo que Beppe Grillo se ha hecho eco de la alarma alimentada desde arriba en torno a la epidemia del ébola. En un artículo publicado en Il Fatto Quotidiano del 24 de octubre de 2014, Sandra Amurri escribe: “
Roma, 10 horas. Un bar en un barrio distinguido. Entra una monja de color, se acerca a la barra y pide un café. ‘Ojo, que podría tener el ébola’,
susurra un cliente, medio en serio, medio en broma, al oído de un amigo. Este responde: ‘Fuera bromas, hemos de estar al tanto, el riesgo existe.


15 horas, estación Roma Termini. Una mujer de color lleva un niño en brazos. Se acerca a una pareja que, al igual que ella, examina los horarios de
salida de los trenes y les pregunta: ‘¿Qué hora es?’ La mujer blanca se aleja apresuradamente y el hombre contesta cubriéndose la boca con la mano. La
mujer negra con el niño no comprende el sentido de este gesto. Da las gracias y se dirige a los andenes. El hombre y la mujer se reúnen y ella le dice:
‘Has hecho bien en taparte la boca, ella estaba tan cerca’.

” La periodista describe otras situaciones similares. Por ejemplo, en la cola ante la taquilla de un cine, dos muchachas con un peinado rasta (sic) le
dicen a la taquillera: “Tendríais que prohibir la entrada de africanos, pues suponen un riesgo de contagio del ébola.

El profesor responsable de la cátedra de enfermedades infecciosas de la Universidad Sapienza de Roma, Claudio Mastroianni, afirma: “En estos momentos no existe en este país ningún riesgo que pueda confirmarse. El ébola no es una gripe. ¿Estamos bromeando? El virus no se transmite por
el aire. No se contagia cuando alguien tose o se suena.
” Cuando Sandra Amurri se aventura a plantearle le pregunta que le va a indignar sobre la llegada del ébola en barco, contesta: “Sandeces
. Son formas de racismo puro. Una persona de Liberia, hasta que atraviesa el desierto para llegar a Libia y arribar a nuestras costas, si ha contraído
el virus, no tendría tiempo para concluir el viaje, pues la enfermedad habría acabado con ella antes.

Conviene difundir todos estos argumentos. Hay algunos, como los del ex procurador de Turín, que son de tipo más práctico. Frente a las peticiones de Beppe
Grillo, insiste en la negativa de los países de “origen” a “readmitir” a los “refugiados”. En efecto, estos están indocumentados y no es posible comprobar
su identidad ni por tanto su nacionalidad. Con un espíritu de contable piamontés, Andrea Padalino declara: “La expulsión es una solución que funciona poco y mal porque a estas personas hay que acompañarlas físicamente [por agentes de policía] hasta su país de origen y el coste es importante. Sobre todo en un periodo de crisis económica. ¡Ahora resultará que la austeridad
presupuestaria dificulta las expulsiones!

Frente a la psicosis racista generada por la instrumentalización de la pandemia del ébola, circunscrita a algunos países de África Occidental, la respuesta
de una izquierda clasista no solo debería basarse en argumentos epidemiológicos razonados (y por tanto de impacto limitado), sino recoger también las
preocupaciones de la población ante la gestión del sistema sanitario en Italia, la política de la industria farmacéutica con respecto al conjunto de los
medicamentos con prescripción, el desmantelamiento de las políticas públicas de salud, incluidas las preventivas, en numerosos ámbitos (laboral, escolar,
tercera edad, etc.). En este punto aparece otra faceta de la vinculación necesaria entre las reivindicaciones concretas relativas a las malas condiciones
de trabajo desde el punto de vista de la salud física y psíquica del conjunto de los trabajadores –y por tanto también de la juventud escolarizada, de los
jubilados y los precarios, los parados, decenas de miles falsos autónomos– y las que combaten la discriminación y la represión que sufren los y las
inmigrantes. Abordando de este modo la campaña xenófoba y racista es posible empezar a construir un bloque social que formule exigencias democráticas,
sociales y políticas. Para ello hace falta que una izquierda política clasista se dirija con pedagogía –es decir, poniendo ejemplos singulares que tengan
un valor de clase universalizador– a la sociedad, y más exactamente a su mayoría asalariada y no únicamente a una “izquierda sincial” de combate.

No cabe duda que los militantes de una izquierda sindical combativa pueden ser un vector constitutivo de este futuro bloque social como posibilidad
necesaria. En efecto, se trata de combatir a fuerzas políticas organizadas –como las representadas en la manifestación del 18 de octubre– que reúnen a
distintos sectores de la sociedad. Estas fuerzas reaccionarias están construyendo una hegemonía político-ideológica en un terreno minado por las prácticas
gubernamentales y sindicales de la “no izquierda”. La tendencia a limitarse a presionar, para empujarla hacia la izquierda, a esta “no izquierda” no puede
conducir más que a una política del “mal menor” que ahoga la dinámica de una batalla contrahegemónica. Es decir, una batalla que ha de sacar a relucir las
fuerzas positivas y propositivas de una izquierda de clase cuyo objetivo –de hecho y programáticamente– sea la estructura de las relaciones sociales de
explotación y dominación que rige, en última instancia, la dinámica de dicha crisis social.

El 18 de octubre plantea con más contundencia que la que creen algunos la urgencia de una contraofensiva ideológica, social y política. En este sentido,
una respuesta articulada a los elementos concentrados en la movilización reaccionaria, xenófoba, seguritaria y racista del 18 de octubre es sin duda más
importante que limitarse (incluso en la propaganda) a una necesaria oposición de izquierda en el interior de una manifestación sindical, convocada por la
CGIL, como la del 25 de octubre de 2014 en Roma.

26/10/2014


http://alencontre.org/europe/italie/italie-milan-18-octobre-une-mobilisation-reactionnaire-qui-en-dit-long.html

Traducción: VIENTO SUR

Notas:

1/
Véase la obra escrita por dos periodistas del Corriere della Serra, Gian Antonio Stella y Sergio Rizzo, publicada en 2007 y titulada La casta. Così i politici italiani sono diventati intoccabili, Ed. Rizzoli. Escrito a raíz de una investigación, el libro denuncia diversas
corruptelas de disputados y el sistema de reembolso de los gastos electorales, en el que, como ilustra una ejemplo extremo, el Partido de los Jubilados se
gastó un euro y recuperó 180. A esto se añade una lista impresionante de gastos asociados al clientelismo regional. Se incluyen los gastos de Giorgio
Napolitano, presidente de la República desde mayo de 2006, comparados con los de la reina de Inglaterra y que parecen suntuosos teniendo en cuenta las
competencias del cargo. De este libro de han vendido 1.200.000 ejemplares, y su efecto, si es que no era su objetivo, ha sido el de cuestionar un sistema
de ciertos sectores financieros e industriales querían reformar en parte ycentrar el interés de los periodistas en los políticos evitando utilizar un
bisturí a fin de desenmascarar el poder real de quienes detentan la parte principal y concentrada del capital de mando.

2/
El 19 de octubre de 2014, el servicio de prensa (NOVOpress) de la ultraderecha identitaria saludó de este modo la manifestación de Milán: “

‘¡Basta de inmigración!’, ‘No queremos más centros de acogida’, ‘Por cada inmigrante mal pagado, un italiano se va al paro’, ‘Defendemos a la Nación,
no queremos más inmigración’, esas eran las consignas que se escucharon el sábado en las calles de Milán durante la gran manifestación nacional
organizada por la Liga del Norte para denunciar los desastres de la inmigración clandestina que golpea a Italia.







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