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Debates
Las batallas de Kobane, de Alepo y el reaprendizaje de la solidaridad
01/12/2014 | Pierre Rousset

Hace ya mucho que aprendimos a prevenirnos contra las pretensiones “humanitarias” de las intervenciones imperialistas. Denunciar los objetivos más o menos ocultos de nuestro propio imperialismo (en este caso el francés) sigue siendo una exigencia constante, primordial. Las semillas de la crisis que sacude hoy el Medio Oriente fueron sembradas en la guerra de Irak de 2003 y -remontándonos más lejos en el tiempo- en la firma de los acuerdos Sykes-Picot (1917)/1.

Sin embargo, la solidaridad no se resume en denunciar al propio imperialismo: también tiene que responder a las necesidades concretas (políticas, humanitarias y materiales) de los pueblos y de los movimientos cuya lucha apoyamos. A menudo esto no plantea ningún problema particular, como en el caso de la defensa de militantes condenados a penas inicuas por tribunales de excepción, ¡pero hay que hacerlo!/2. Pero en muchos otros casos, para ser eficaz, hay que comprender las condiciones en las que esas luchas se llevan a cabo, lo que a menudo resulta complicado.

El internacionalismo tiene una historia y sus modalidades están profundamente marcadas por la mundialización capitalista, el carácter global de la crisis ecológica actual, las conmociones geopolíticas, la crisis del movimiento obrero y la pérdida de legitimidad de la referencia socialista. Todos los terrenos de la solidaridad están concernidos por estos cambios radicales y ya se ha escrito mucho sobre el tema; no voy a insistir. Querría centrarme aquí a cuestiones específicas que nos plantea el apoyo a las resistencias y a las luchas populares armadas.

Evidentemente, no se trata de plantearse las cuestiones como si fuéramos expertos militares o pretender descubrir el Mediterráneo; se trata de aprender de las experiencias para adquirir un mínimo de “inteligencia política” en este terreno de lucha. En los años 1960-1970, abordamos de ese modo la cuestión de la guerra revolucionaria, de la guerra popular prolongada y de la guerrilla urbana/3, intentando asimilar las lecciones de las luchas armadas de la época y de las orientaciones puestas en marcha por las organizaciones que las dirigían (por nombrar algunos de los autores más conocidos que expresan esas experiencias: Trotsky, Mao, Giap, el Che, los Tupamaros...).

En este texto, no intento presentar un balance de esos “años de fuego”, sino comparar ese pasado y el presente en lo que respecta al papel de la solidaridad, teniendo particularmente en cuenta los cambios radicales del marco geopolítico. Habiendo estado implicado en el movimiento de solidaridad con Vietnam antes de 1968, en la fundación y la animación del Frente Solidaridad Indochina (1969) y, mas tarde, habiendo estado implicado en numerosas organizaciones de solidaridad hacia países como Tailandia o las Filipinas, voy a referirme fundamentalmente a estas experiencias asiáticas.

Los movimientos armados de izquierdas y/o de poblaciones oprimidas no han desaparecido jamás del mapa asiático (India, Filipinas, Sur de Tailandia, Birmania, Nepal, Sri Lanka...), incluso sin en la mayor parte de los casos el dinamismo sociopolítico inicial de las “persistentes” luchas armadas se ha agotado, si algunos de esos movimientos se han desarmado o se han situado en posición propiamente defensiva (autodefensa) y si algunos otros han degenerado. Recordemos que la revolución nepalí (la conquista temporal del gobierno por una organización armada “clásica” a través de la acción de masas y la vía electoral) es reciente, de 2006... Ahorabien, en la mayor parte de las regiones del mundo, las luchas armadas han dejado de existir, con algunas excepciones (Colombia...) o han sido reemplazadas por la militarización y la etnización de los conflictos (lo que no voy a tratar aquí). Por otra parte, el fin de los “años de fuego” fue a menudo traumático (incluso para nosotros, en particular con el aplastamiento militar de nuestra pequeña organización argentina o del PRT).

Digamos que para una gran parte de la izquierda radical internacional, la reflexión sobre las condiciones de una lucha o de una resistencia armadas se ha interrumpido. Y en consecuencia, no hemos estudiado bajo este ángulo las nuevas experiencias, en particular en el mundo árabe tras 2011. Por ello, las discusiones sobre las tareas de solidaridad padecen sus consecuencias.

La adquisición de armamento: ayer y hoy

Está claro que la cuestión del desarme de la burguesía (de los grandes poseedores) es clave desde un punto de vista revolucionario. Por regla general, tiene como corolario el armamento del pueblo.

En ciertos casos, las fuerzas revolucionarios disponían ya de armamento y de un saber hacer militar importante: en Rusia (1917) con la descomposición del ejército zarista derrotado en el campo de batalla de la Primera Guerra Mundial; en China (1927) con el levantamiento de cuerpos del Ejército Nacional que se sumaron a las insurrecciones populares y contribuyeron a la fundación del Ejército Rojo... En muchos otros casos, el proceso fue diferente: las armas y la experiencia se consiguieron progresivamente, en el curso de un proceso general de “acumulación de fuerzas” (incluyendo el enraizamiento social y la extensión geográfica).

Al margen de la adhesión de fuerzas armadas preexistentes a la revolución, grosso modo hay cuatro formas de obtener armas:

- Arrebatarlas al enemigo en operaciones militares (o comprarlas a soldados u oficiales del ejército gubernamental).

- Producirlas en talleres industriales clandestinos, si es posible en zonas protegidas de la intervención enemiga.

Esos dos primeros formas, constituyen la base del proceso de armamento de una lucha armada popular “clásica”. Constituyen fuentes de armamento independientes, “de autoarmamento”, en relación con el refuerzo de la implantación social y la extensión geográfica del movimiento. Todo esto es muy importante, porque la capacidad político militar de una organización revolucionaria no depende fundamentalmente de su potencia de fuego, sino de su enraizamiento.

Sin embargo, este tipo de procesos resulta, necesariamente, lento y rara vez permite obtener armamento numeroso de gran potencia. De ahí el recurso a estas otras dos formas:

- mediante el contrabando, lo que cuesta muy caro y no deja de tener riesgos, pues pone a la organización en contacto con medios que son un hervidero de agentes de múltiples servicios secretos;

- a través de gobiernos más o menos “amigos”, pero que a menudo persiguen sus propios objetivos y que utilizan la ayuda como un medio de presión. En esos casos, se trataba de Rusia, China, Corea del Norte, Libia, Cuba...

Los movimientos que dirigen las luchas armadas progresistas raramente han hecho llamamientos públicos a la solidaridad internacional para obtener armamento. Los contactos establecidos con los gobiernos "amigos" eran generalmente discretos. Y las campañas materiales de solidaridad concernían sobre todo a la ayuda financiera (que los movimientos podían utilizar como quisieran) o médica (envíos de material médico, viajes de médicos a las zonas de guerrilla.../4. Pero también nos ha llegado a tener que intervenir directamente sobre la cuestión del armamento. Dos ejemplos:

- Durante la guerra de liberación argelina, miembros de la Cuarta Internacional crearon una fábrica clandestina de fabricación de armas (morteros, granadas, fusiles ametralladores...) destinados al FLN. Trabajaban en ella obreros especializados “seleccionados por su saber hacer en varios continentes”/5.

- Frente a la escalada militar estadounidense en Indochina, reclamamos a Moscú que proporcionara a Hanoi los misiles que habrían permitido proteger el cielo de Vietnam del Norte, impidiendo en particular los bombardeos devastadores de los B52. Este armamento de muy alta gama jamás llegó, pero del PCV supo organizar la defensa antiaérea adaptando a este fin los principios de la guerra popular (Giap) y haciendo el mejor uso de las armas proporcionadas por la URSS o China.

Precisemos que no nos dirigíamos a Moscú porque consideráramos que ese régimen fuera lo más mínimamente “revolucionario”. Lo calificábamos de contrarrevolucionario tanto en el plano interno (la contrarrevolución burocrática) como, en gran medida, en su política internacional (entonces de “coexistencia pacífica”). Pero, desde un punto de vista geopolítico, estábamos ante dos líneas de confrontación: revolución y contrarrevolución, con el punto nodal de Vietnam; “bloques del Este contra el bloque del Oeste” (a los que se añadió el conflicto interburocrático chino-soviético).

En concreto, Moscú y Pekín dieron un golpe muy duro a la lucha de liberación vietnamita en 1954, cuando forzaron al PCV a aceptar los acuerdos de Ginebra que llevaban en su germen una nueva guerra -la más mortífera y más total de las guerras-, esta vez directamente dirigida por Washington.

Sin embargo se puede decir que, al mismo tiempo, Moscú y Pekín ayudaron mucho y traicionaron mucho a la revolución vietnamita. Y, desde el movimiento de solidaridad, utilizamos como buenamente pudimos esta relación contradictoria.

La geopolítica de hoy es muy diferente. Rusia y China son potencias capitalistas. Moscú apoya militarmente a regímenes como el de Assad y sería absurdo pedirle que proporcione armas a la rebelión popular siria (¡como habría sido absurdo demandar a París o a Washington proporcionárselas a los revolucionarios vietnamitas!). ¿Quiere decir esto que los pueblos que resisten y llevan a cabo luchas armadas (así como los movimientos de solidaridad) no pueden utilizar ninguna contradicción entre las potencias?

Por otra parte, hoy, en el teatro de operaciones Irak-Siria, intervienen múltiples actores exteriores, a menudo poderosamente armados, entre los que se encuentran movimientos fundamentalistas apoyados por Irán, Arabia Saudita, Qatar... en una geopolítica regional que lleva a la confesionalización destructora de los conflictos. Se trata de una situación bastante particular. ¿Cuáles pueden ser sus implicaciones en la cuestión del armamento?

Para abordar estas dos cuestiones, me parece necesario volver sobre las batallas de Kobane y Alepo en la medida en que pueda entender un poco lo que ocurre en un país en el que no tengo lazos directos.

Kobane. ¿Ha sido decisiva la batalla de Kobane? En muchos casos, la pérdida de un centro urbano puede ser costosa, aunque no tenga graves consecuencias en el curso de una guerra revolucionaria. Ejemplo clásico: durante el conflicto chino-japonés, las fuerzas contrarrevolucionarias de Chiang Kai-shek tomaron Yan’an, la "capital roja" del Partido Comunista. Era un gran símbolo, pero sólo afectó a las condiciones locales de la lucha. En efecto, el Ejército Rojo volvió a desplegar a una parte importante de sus unidades en el nordeste del país, tras las líneas niponas y al abrigo de los ejércitos blancos de Chiang, donde el PCC creó zonas liberadas de una amplitud y una importancia estratégica muy superior a la de su "base" inicial de Yan’an.

No es el caso de Kobane. Más allá de su carácter simbólico, que es muy importante, lo que está en juego en la batalla de Kobane, desde el punto de vista del Kurdistan sirio, es muy importante. En un pequeño territorio adosado a la hostil frontera turca, las fuerzas kurdas no tienen espacio para redesplegarse mientras que el Estado Islámico lo barre todo: masacres, deportaciones de población (sobre todo de mujeres destinadas a sus combatientes), éxodo masivo... En estas condiciones, la pérdida de Kobane pone en peligro a todo el Kurdistan sirio y las transformaciones sociales en marcha/6.

Por tanto, es necesario ganar la batalla de Kobane, y el Estado Islámico ha movilizado grandes medios para lograrlo, porque también desde el punto de vista del EI la apuesta es muy significativa: la conquista de esta ciudad le permitiría controlar de manera continua una larga porción de la frontera turca, considerada "amiga".

Vistas las relaciones de fuerzas militares y los medios en presencia, los kurdos sólo podían (pueden) ganar la batalla de Kobane si se cumplen tres condiciones:

- Una gran capacidad de resistencia de las fuerzas del PYD en Kobane, sin la cual nada es posible.

- Suministros de armamentos que permitan atacar a los blindados del Ejército islámico.

- El bombardeo de las columnas militares del EI para impedirles alcanzar Kobane, operar libremente en la ciudad o encaminar los refuerzos que necesita.

Quiero precisar que aquí no expongo ninguna "línea". Se trata de una constatación factual, que puede ser justa o errónea, pero que no depende de ningún "punto de vista" político. Una constatación, sin embargo, que debemos tener en cuenta en la solidaridad, si no queremos negar la realidad.

Segunda constatación: la resistencia kurda ha logrado en gran parte obligar a Washington a modificar su política en el Kurdistán sirio. Los Estados Unidos no querían intervenir en Kobane, como lo habían hecho en torno a la presa de Mosul (Kurdistán iraquí): veto turco, (desde su punto de vista) importancia estratégica marginal en el teatro general de operaciones, prioridad de Irak, rechazo al reconocimiento de las fuerzas kurdas ligadas al PKK (calificado como "terrorista")...

Por estas razones, el mando estadounidense no atacó las columnas de blindados y la artillería del Estado Islámico antes de que alcanzasen Kobane (cuando la situación sobre el terreno permitía bombardeos muy eficaces) y los suministros de armas se han hecho esperar mucho tiempo.

Lo que ha forzado la mano de Washington, además de la resistencia encarnecida de los kurdos y del PYD, es la cobertura mediática mundial: el asalto conducido por el EI, la resistencia kurda, la inacción de la Coalición, las maniobras de la Turquía de Erdogan… todo era filmado desde una frontera muy cercana y difundido por las cadenas de televisión. El precipicio abierto entre las pretensiones humanitarias de la intervención imperialista y la realidad de su acción (o de su inacción) se hacía patente, insostenible.

Guerras imperialistas. Existen más posibilidades de intervenir sobre las contradicciones de la intervención imperialista en Irak y Siria en la medida en que ha sido decidida de forma urgente y sin plan estratégico alguno, porque responden a una situación que de forma imprevista se había vuelto fuera de control. En esta ocasión, [la intervención] se ha dado en condiciones muy diferentes a las guerras de Afganistan (2001) o de Irak (2003) -o la intervención francesa en Mali (enero 2013).

En este último caso, París planificó la intervención con el objetivo (muy disimulado al comienzo) de enviar tropas terrestres con vistas a un redespliegue de su dispositivo militar en la región. Aunque el gobierno francés reaccionaba a una crisis efectiva del régimen maliense, también exageró de forma burda la fuerza de las organizaciones fundamentalistas para justificar su decisión: aún con apoyos tuaregs (temporales), los "yihadistas" árabes del Norte o del extranjero no iban a echarse sobre Bamako y tomar el control del sur de Mali.

Hoy día no se puede pretender que la presidencia estadounidense haya exagerado la fuerza ascendente del Estado Islámico (al contrario, la ha subestimado durante mucho tiempo). Ha emprendido la acción bajo presión de los acontecimientos y sin objetivos de guerra claramente definidos, más allá de algunas evidencias: bloquear la progresión del EI, estabilizar un poder bajo control en Bagdag... Quiere evitar deslizarse de nuevo en un "pantano" sangriento enviando tropas terrestres (aparte de consejeros militares)...

Sin embargo, necesita tropas sobre el terreno, pero ¿cuáles? El ejército iraquí es impotente; las tropas kurdas del movimiento PKK son eficaces, pero políticamente desacreditadas; las tropas iraníes en Irak no son (todavía) aliados fiables; las componentes no fundamentalistas de la resistencia siria han sido abandonados tanto tiempo a su suerte que han perdido mucho terreno... Los consejeros militares van a alcanzar ya los 3.000 y, poco a poco, Washington tendrá tal vez que decidirse a ir más lejos de lo que le aconsejaría la razón.

Otra fuente de contradicciones es que Washington ha construido una amplia coalición de Estados, pero con intereses a veces contradictorios: desde Turquía (principal potencia militar de la OTAN en la región) a Arabia Saudita, donde resulta bastante difícil pretender defender el estatus de las mujeres y la democracia...

Ahora bien, no estamos en el año 2003. Las guerras imperialistas siguen, se combinan, pero no todas se parecen. Más allá de las constantes que hay que denunciar siempre, necesitamos comprender sus especificidades y sus contradicciones propias, lo que no siempre es sencillo si bien permitiría evaluar mejor las condiciones en que prosiguen las luchas y cómo puede ser eficaz la solidaridad.

Así, una de las particularidades del conflicto actual es que en un mismo teatro de operaciones global sirio-iraquí, hay varias guerras distintas que se rozan y encajan entre sí. Estratégicamente, la suerte de todos los pueblos afectados está conexa y la unidad de las fuerzas progresistas aparece como una necesidad/7. Más en concreto, los datos reales del combate que condicionan la táctica pueden variar de forma considerable e incluso "divergir" en algunos momentos. Sólo voy a hablar aquí de Kobane y de Alepo, pero, más en profundidad, los conflictos evolucionan también en función de situaciones muy específicas en donde se mezclan alineamientos globales y alianzas locales, fluctuantes/8.

Alepo. Quiero dar tres ejemplos del "desfase" entre la situación de Kobane y la de la resistencia popular en la Siria del "interior", encarnada en la batalla de Alepo. Tres ejemplos que tienen implicaciones para la solidaridad.

Visibilidad. La resistencia popular en Alepo no se ha beneficiado de la misma cobertura mediática que Kobane, aunque sólo sea por razones topográficas: no puede ser filmada desde el "balcón" turco. Además, tampoco se ha beneficiado de una red de asociaciones y movimientos de solidaridad en Europa y en otros lugares, de una amplitud semejante a la de la izquierda kurda (y más en concreto, del movimiento PKK).

En el caso de Kobane, puede decirse que la "opinión pública" ha influido de forma espontánea sobre Washington, como lo abría podido hacer una campaña de solidaridad. En estas condiciones no podemos sustituir una cobertura mediática "fuerte", pero eso no implica que no debamos hacer todo lo que se pueda para asegurar la visibilidad a la resistencia popular siria: de la misma forma que debemos "cubrir" de manera militante la situación en el Kurdistán sirio, también debemos asegurarnos de que el combate que se lleva a cabo en el resto del país no sea "olvidado", cuando prosigue en condiciones extremadamente precarias y cuando la violencia del EI hace perder de vista la del régimen de Assad/9.

Ejemplaridad. La batalla de Kobane es ejemplar pero, ¿lo es menos la resistencia de Alepo? La capacidad de combate de las fuerzas del PYD se basa sobre todo en su arraigo popular y la dinámica social iniciada con medidas revolucionarias adoptadas en los "tres cantones" que constituyen Rojava (Kurdistán sirio). Ahora bien, ¿ no tenemos también muchos ejemplos de "poder popular" en el levantamiento sirio contra la dictadura de Assad/10? Se ha destacado, con razón, el papel de las mujeres en Rojava y la resistencia de Kobane/11, pero en el resto de Siria [las mujeres] no han estado inactivas/12.

En algunos llamamientos de la solidaridad internacional hacia Kobane hay algunas fórmulas o algunos "olvidos" que me parecen desafortunados. Tomemos por ejemplo el llamamiento mundial a la jornada de solidaridad con Kobane del pasado 1 de noviembre/13. El título habría podido mencionar a Alepo, y no sólo a Kobane, pero no ha sido así. Se denuncia la violencia terrorista del Estado Islámico, pero no la del régimen de Assad. Y además se encuentra esta frase: "El modelo democrático de la administración autónoma de Rojava es un ejemplo para toda la población de Siria". Esto provoca la amargura de las fuerzas y de las poblaciones que en otras partes de Siria han animado experiencias democráticas/14.

El levantamiento popular contra el régimen de Assad ha conocido sus propias experiencias sociales; si se han marchitado se debe a que no se han beneficiado de la misma "ventana" de paz que el PYD en el Kurdistán sirio. Nada más surgir, fueron objeto de una escalada represiva militar por parte del gobierno y después fueron atacadas en sus retaguardias por fuerzas contrarrevolucionarias fundamentalistas, sostenidas por regímenes que querían acabar con la "revolución árabe".

Durante todo ese tiempo, los movimientos populares en el Kurdistán sirio se han beneficiado de una situación de "no guerra" con el régimen de Assad (que retiró a sus fuerzas armadas de la mayor parte de Rojava); sólo de forma tardía han sido atacados frontalmente por los movimientos fundamentalistas, primero en mayo de 2013, el Frente al-Nusra, después en setiembre de 2014, el Estado islámico/15. El ataque fue temible y la resistencia notable; el reto es considerable, pero no por ello la solidaridad internacional debería olvidar la importancia del movimiento popular en el levantamiento sirio y las condiciones dramáticas en que se ha encontrado: con muchos enemigos mortales y ningún apoyo internacional a la altura.

Bombardeos. En la frontera del Kurdistán iraquí y en Kobane ha habido bombardeos eficaces estadounidenses, sin provocar "daños colaterales", que las fuerzas kurdas han sabido aprovechar. No ha ocurrido así en Alepo, en el campamento palestino de Yarmuk, en los barrios de Damasco... En general, en Siria, la intervención aérea de la Coalición no juega a favor de la resistencia popular. Permite al régimen asegurarse de que se ha hecho con su acuerdo y pretender un nuevo reconocimiento internacional; sus fuerzas se aprovechan para concentrar el fuego contra el levantamiento popular/16. Los movimientos fundamentalistas lo usan para denunciar la intervención imperialista. Assad y el EI buscan una nueva legitimidad. Militarmente, los bombardeos no aflojan la tenaza sobre las fuerzas progresistas/17 y políticamente les perjudican.

Podría decirse que en el caso del Kurdistán iraquí o sirio, algunos bombardeos USA han sido tácticamente perfectos; aunque la situación general en el teatro de operaciones muestra que siguen siendo estratégicamente desastrosos. La solidaridad no debe de ninguna manera alinearse con la intervención imperialista, incluso en esto; pero tampoco debe negar la realidad en el escenario de determinadas operaciones. También bebe tener en cuenta los diferentes posicionamientos de los movimientos cuyo combate apoya, en el Kurdistán sirio y en el resto del país. Los segundos han denunciado frontalmente la intervención aérea de la Coalición, los primeros han criticado con aspereza la no-intervención de la aviación de EE UU en Kobane y después, cuando han comenzado, han colaborado activamente en su eficacia.

La solidaridad no debe alinearse con el "punto de vista" de Kobane excluyendo el de Alepo (o viceversa), sino tener en cuenta ambos.

Compromiso. El problema planteado no es quién está más a la izquierda (¿el PKK-PYD lo estaría menos que la ASL?), sino la relación entre estrategia, táctica y compromiso. Bien entendido, el análisis de una táctica o de un compromiso depende, en parte, de la percepción que se tiene del o de los movimientos implicados. La del PKK-PYD no es evidente. Estos partidos han evolucionado, ciertamente, pero ¿hasta qué punto? En muchos artículos, se presentan hoy como una corriente libertaria, partidaria del pluralismo político, anarco-comunistas armados/18; en otros, mantienen una matriz mao-estalinista autoritaria que les impide reconocer en la práctica el pluralismo a la izquierda: un puño de hierro conun discurso de terciopelo/19. La situación de guerra y la urgencia de la solidaridad no ayudan a precisar una realidad probablemente compleja. Pero de todas formas, en la región, la corriente PKK-PYD es una de las componentes más radicales (en su proyecto social y sus raíces de extrema izquierda); probablemente, la más poderosa entre todas.

No hay que ver en todo compromiso el anuncio de la traición. De forma muy sintomática, el PYD quiere mantener el control de las fuerzas sobre el terreno, utilizando a su favor los bombardeos estadounidenses sobre los blindados del EI: las organizaciones kurdas que le son próximas rechazan de antemano cualquier intervención terrestre de la Coalición.

Así mismo, en el resto de Siria no han faltado los acuerdos tácticos y momentáneos entre diversas componentes armadas, aliadas un tiempo contra un enemigo común. Pero esta situación nunca ha conducido a las fuerzas sirias de izquierda a modificar su valoración sobre el carácter contrarrevolucionario de los grupos fundamentalistas.

Todo compromiso comporta peligros; ¡al igual que el rechazo de cualquier compromiso! Más vale seguir la situación con distancia y tomarse tiempo, antes que juzgar "en caliente" cada decisión política de los movimientos cuyo combate apoyamos /20.

En este terreno, el papel de la solidaridad es contribuir a crear las mejores condiciones posibles para que conversaciones de paz permitan la victoria de la lucha por la liberación, de la lucha revolucionaria; nosotros no estamos en la mesa de negociaciones y como norma general no intervenimos en los términos de las discusiones entre beligerantes; pero a veces se nos pregunta por ello. Así fue en 1973. Las negociaciones de París habían conducido a la redacción de un acuerdo que Washington no quería concluir. Los vietnamitas lanzaron un llamamiento a la opinión pública y a los movimientos de solidaridad internacional para que forzaran a los Estados Unidos a firmar lo que fueron los Acuerdos de París. Nosotros respondimos activamente a este llamamiento, rompiendo las reglas del secreto de las negociaciones diplomáticas.

Los Acuerdos de París eran un compromiso que podía parecer arriesgado; pero dos años más tarde, las fuerzas de EE UU tuvieron que huir literalmente de la catástrofe de Saigón. La crisis que sacudió ulteriormente el "campo socialista" ha hecho olvidar la importancia de este acontecimiento. La mayor potencia imperialista del mundo había llevado a cabo en Indochina una guerra contrarrevolucionaria total, en todos los terrenos; una guerra sin precedentes en esa época y que, aún hoy en día, no tiene equivalente tanto por la amplitud del esfuerzo realizado como por los medios puestos en pie y por su carácter multiforme; y la perdió.

Proceso de paz. Si los vietnamitas pudieron imponer en 1973 "acuerdos ganadores" fue gracias al combate llevado a cabo sobre el terreno, al desarrollo de la solidaridad internacional y a la gran crisis abierta por esta guerra en Estados Unidos, pero también porque sacaron las lecciones de 1954 y se cuidaron de invitar a Moscú y a Pekín a la mesa de negociaciones.

El estudio de los procesos de paz es una faceta importante de la reflexión sobre las luchas armadas. Podemos servirnos de una experiencia muy rica en este terreno, histórica pero también contemporánea. Las cuestiones planteadas suelen ser muy difíciles. Cómo desarmarse cuando se está rodeado de enemigos armados (es el dilema al que se confrontan nuestros camaradas del RPM-M en Mindanao). Cómo, en nombre del derecho de una "minoría mayoritaria" en una porción de territorio, no sacrificar los derechos de las "minorías minoritarias" presentes en ese mismo territorio: por ejemplo, también en Mindanao, reconocer los derechos de las poblaciones musulmanas sin negar los derechos de los "pueblos indígenas" montañeses.

¿Se puede negociar con los talibanes en Afganistán/21 o con el EI en Oriente Medio, sin sacrificar por adelantado los derechos de las mujeres en nombre de la "paz"? ¿Qué derechos sociales, ambientales y democráticos deben ser garantizados para poner fin a un conflicto militar cuando la revolución ya no está a la orden del día?

Todas estas cuestiones deben ser tenidas en cuenta por la solidaridad, porque de lo contrario, los "movimientos antiguerras" o "movimientos de paz" pueden contribuir a la negación de derechos de sectores enteros de la población (mujeres, pueblos indígenas, clases trabajadoras...), contentándose con no hablar por indiferencia o por no hacer más complicado un proceso de paz ya de por sí aleatorio.

Una de las formas de evitar la "desaparición" de los oprimidos o explotados durante unas negociaciones de paz consiste en asociarlos directamente al proceso, volviéndoles jueces en cada etapa de las medidas y los acuerdos propuestos: la negociación deja de ser entonces un tú a tú entre fuerzas armadas (gubernamentales y disidentes) en la cumbre y se convierte en un proceso democrático en sí mismo. Es lo que han experimentado nuestros camaradas de Mindanao (aunque las conversaciones de paz se encuentran en estos momentos suspendidas). La solidaridad puede apoyar esta integración directa de las poblaciones en negociaciones de las que depende su futuro.

Solidaridades de ayer y de hoy

La solidaridad debe responder por tanto a las necesidades de las poblaciones y movimientos cuyo combate apoyamos, pero esto no significa en absoluto oponer "eficacia" a "principios". Una gran parte de la "izquierda de la izquierda" francesa se niega a calificar como imperialista a nuestro Estado, o no deduce de ello ninguna implicación (Mélenchon y el PG, el PCF...). Otra parte se deja engañar fácilmente por el discurso "imperialista humanitario" del presidente Hollande al preparar la intervención en Mali, o se ha limitado a comunicados de protesta sin continuidad. Las corrientes políticas (como el NPA) o asociativas (como Survie) que intentan oponerse de forma coherente a la Franciáfrica se sienten muy minoritarias. En consecuencia, no han conseguido (re)construir un movimiento antiguerra o antiimperialista permanente, cuando nuestro imperialismo interviene de manera permanente en África, incluso -y más que cualquier otra potencia- militarmente.

Para la (re)construcción de movimientos de solidaridad duraderos es tanto más necesaria una brújula política ya que, por lo general, nos enfrentamos a situaciones complejas que hay que desencriptar, lo que exige un "método de lectura" pero también un esfuerzo serio par asimilar las "realidades del terreno". Por lo tanto, más vale no refugiarse en la comodidad de las posturas "principistas" que pueden hacer de cortina y ocultar las realidades a base de simplificaciones o conducir a posiciones muchas veces absurdas. Es lo que nos ocurrió en los años 60/22. Lanzamos un llamamiento de personalidades para recaudar dinero destinado al Gobierno revolucionario provisional (GRP) de Vietnam del Sur. Una exigencia sencilla, sin ninguna ambigüedad, políticamente correcta. No nos dimos cuenta de que un gaullista de izquierda (¡uno!) había firmado también el llamamiento: ¡horror, él encarnaba la "sombra" de esa burguesía con la que no nunca hay que comprometerse! Fuimos de cartel en cartel, tachando con una raya negra el nombre de dos de nuestros firmantes (Alain Krivine y Henry Weber, los "jóvenes" de la época)... dejando sin embargo el de Pierre Frank (nuestro "viejo", más razonable).

Afortunadamente el ridículo no mata; si no, habríamos muerto muy jóvenes. Si a pesar de nuestro ataque de "izquierdismo infantil" seguimos estando vivos es porque estábamos comprometidos a fondo en todas las actividades concretas de solidaridad internacionalista. Estábamos en la acción, más que en la postura.

No hay que mitificar el compromiso internacionalista de los años 60 en Francia. De hecho, Mayo 68 supuso un frenazo brutal a la solidaridad, al concentrar las organizaciones de extrema izquierda sus esfuerzos en las luchas de clases en Francia. El Comité Vietnam nacional (CVN, unitario) y los Comités Vietnam de base (CVB, maoísta) dejaron de existir. Hubo que reconstruir de forma voluntarista el Frente Solidario Indochina (FSI). Aunque durante años no dejó de haber un despliegue de energía y de actividades muy diversas/23, de masas o, a veces, clandestinas/24.

El despegue del movimientos alter mundialista a principios de los años 2000 dio temporalmente un aliento nuevo al internacionalismo, tras un período en que esta aspiración estaba casi desacreditada. El relevo ha sido asegurado por los movimientos de ocupación que se han sucedido, de Egipto a Hong Kong. Sin embargo, hay que reconocer que la capacidad duradera de solidaridad internacionalista sigue estando muy por detrás de lo que sería el mínimo indispensable. Esto refleja evidentemente la actual debilidad de las corrientes radicales progresistas en los países imperialistas, pero también la pérdida de tradiciones y una dificultad para pensar las movilizaciones en este terreno de cambios geopolíticos sucesivos.

Desde que se instaló Bush, muchos pensábamos que entrábamos en un mundo de "guerra permanente", pero sin sacar de ello consecuencia bastante evidente: también nosotros debíamos apoyar de forma "permanente" las resistencias populares armadas. La crisis de credibilidad de la alternativa socialista es tan profunda que en algunos conflictos no podemos aportar nuestro apoyo a ninguno de los movimientos comprometidos en los combates (Afganistán, Pakistán, Libia...)/25; aunque hay casos en que sí lo podemos hacer (Siria, Kurdistán...).

En general, frente a las exacciones de bandas armadas de todo tipo, se plantea la cuestión de la autodefensa de organizaciones o de comunidades amenazadas en su existencia (Mindanao...), aun cuando la respuesta a estas amenazas debe ser ante todo política y cuando la "lucha armada" propiamente dicha no está a la orden del día.

En algunos casos (probablemente raros) debemos responder a llamamientos apresurados para exigir de nuestros gobiernos el suministro de armas. El ejemplo de Kobane muestra que dichos gobiernos pueden estar obligados a hacerlo. El ejemplo de Alepo confirma que no lo quieren. En el contexto sirio, es una exigencia anti-imperialista.

Este artículo está centrado en la solidaridad con las resistencias armadas. No obstante, la "puesta al día" de las tareas de solidaridad se plantea en todos los ámbitos. Es el caso, por ejemplo, de la respuesta a las catástrofes humanitarias, sobre todo climáticas/26 o el de la capacidad del movimiento sindical militante para coordinar mejor el apoyo a las luchas obreras en un momento en que las cadenas de producción están mundializadas.

No podremos asumir nuestras responsabilidades internacionalistas sin una inversión más amplia y sistemática por parte de las organizaciones políticas y sociales progresistas y sin un apoyo financiero más consecuente a las resistencias. La voluntad sin medios y la política sin "intendencia" son impotentes.

17/11/2014

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article33565

Traducción: VIENTO SUR

NOTAS

1/ Ver en particular ESSF (artículo 33458)’, Middle-East - From Sykes-Picot to "Islamics State": Imperialism’s Bloody Wreckage y (artículo 30786) La guerre de 1914-18, les accords Sykes-Picot, le partage du monde hier et aujourd’hui.

2/ Y llevar a cabo estas campañas de forma duradera, contribuyendo a ampliarlas en lo que se pueda.

3/ Yo era miembro de la JCR, después de la LCR.

4/ Ver en este sentido en ESSF (artículo 28736), Jean-Michel Krivine (1932-2013): chirugien militant et internationaliste.

5/ Alain Krivine, "En France le soutien pratique à la révolution algérienne", Revista L’Anticapitaliste, nº 59 (noviembre 2014). Este texto se colgará después en la web del NPA y en ESSF.

6/ Ver en ESSF (artículo 33272), Syrie/Kurdistan: Kobanê résiste pour Rujava la révolutionnaire.

7/ Ver en ESSF (artículo 33254), Syrie/Kurdistan: Kobani, la question Kurde et la Révolution Syrienne, un destin commun.

8/ Así, en las zonas tribales de Pakistan, se combinan desarrollos internacionales -la "yihad", la intervención US...-, nacionales -juegos de fracciones en el seno del ejército...- y locales -alianzas cambiantes entre jefes de tribus y clanes...

9/ Ver en ESSF (artículo 33291), Syrie: "Le terrorisme de Daech tout le monde en parle, le terrorisme d’Assad plus personne n’en parle".

10/ Ver en ESSF (artículo 33290), L’auto-organisation des luttes populaires en Syrie face au régime et aux groupes islamistes? Oui, ça existe!.

11/ Ver en ESSF (artículo 33359), From Afghanistan: Fiery salutations to the brave women of Kobani.

12/ Ver por ejemplo en ESSF (artículo 29681), La femme dans la révolution syrienne, vue par des femmes révolutionnaires.

13/ Ver en ESSF (artículo 33324), Le 1er. novembre 2014, journée mondiale contre Daesh -pour Kôbane - pour l’Humanité.

14/ Sobre las variadas formas que puede adoptar la resistencia, ver sobre todo en ESSF (artículo 33537), Syrie: la révolution résiste à Salamiyah - "Cette âme de la révolution populaire syrienne a besoin d’une solidarité internationaliste sans faille".

15/ Ver en ESSF (artículo 33278), L’autonomie kurde en Syrie: feu de paille ou fait accompli? De la révolution contre le régime ’a l’hégémonie du PYD.

16/ Ver en ESSF (artículo 33345), En Syrie, pendant les frappes, la répression et le supplice d’Alep continuent - L’offensive internationale contre l’EI, laisse les mains libres ’a Damas.

17/ Ver en ESSF (artículo 33201)

18/ Ver en ESSF (artículo 33271), "Le Parti des travailleurs du Kurdistan s’est transformé en une force luttant pour la démocratie radicale" - Le nouveau PKK a déclenché une révolution sociale au Kurdistan.

19/ Ver en ESSF (artículo 33253), Syrie/Kurdistan: Statement by the Kurdish Youth Movement (TCK) about the latest events in the city of Amouda.

20/ El Tratado de Brest-Litovsk (1918) puso fin a la guerra ruso-alemana; pero fue extremadamente costoso: Rusia (y por tanto la revolución) tuvo que abandonar amplios territorios -y a la población que habitaba en ellos. Sería injusto reprochárselo a los bolcheviques, teniendo en cuenta las circunstancias.

21/ Ver en ESSF (artículo 29059), Statement on US-Taliban Talks.

22/ Aunque tengo mala memoria, he conservado un vivo recuerdo de este episodio. No tengo la documentación que me permitiría verificar la exactitud de este recuerdo. Si alguna lectora o lector se acuerda de ello, ¡que me contacte!

23/ En lo que se refiere a la solidaridad con Vietnam, ver Pierre Rousset, ESSF (artículo 10123), La solidarité envers les luttes indochinoises dans la "France de 68": les années 1960-1970

24/ Hacia Argelia, el País Vasco bajo Franco, en ayuda a los soldados americanos que desertaban en oposición a la guerra de Indochina...

25/ El apoyo se realiza entonces también hacia movimientos no armados.

26/ Ver en ESSF (artículo 1736), Tsunami, Katrina, Cachemire: éléments de réflexion politiques sur une sucession de catastrophes naturelles, y (artículo 31434), Les réfugiés climatiques: de nouveaux mouvements sociaux, de nouvelles responsabilités solidaires.



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