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Transgénero
Leelah Alcorn: muerta por ser transexual
24/01/2015 | Pierre Raboud

El reciente suicidio de Leelah Alcorn, estadounidense transexual de 17 años de edad, ha suscitado una fuerte emoción. Viene a recordarnos las violentas
discriminaciones que sufren las personas transgénero y sus dificultades para vivir en una sociedad que les niega toda legitimidad. Más allá de la cuestión
de la sexualidad, el género no solo atañe al sexo social, es decir, a las diferentes normas y roles que la sociedad atribuye a los hombres y las mujeres,
sino que representa asimismo un mecanismo de normalización social más profundo. En efecto, la sociedad impone la división de los individuos en una
dicotomía entre hombres y mujeres: nacemos siendo uno u otra, y esta identidad determina nuestro lugar en la sociedad y nuestros distintos rasgos de
carácter.

Si hay que combatir las desigualdades entre hombres y mujeres, también es importante recordar que esas desigualdades se amparan en un discurso que
naturaliza las pretendidas diferencias para justificarse. Ahora bien, estas diferencias entre hombres y mujeres se construyen socialmente y se reproducen
por obra de la dominación masculina. Como dice Elsa Dorlin (2005): “

Frente a la idea de que la diferencia sexual es la causa de las diferencias o incluso de las desigualdades sociales entre los hombres y las mujeres, el
concepto de género se opone a una concepción naturalista que presupone que algo como el sexo, o la diferencia sexual, existe en sí, que se trata de una
categoría natural y ahistórica.

Y estas diferencias no solo son artificiales, sino que se basan también en una división binaria del género que la experiencia médica contradice: del 1 al 2
 % de los nacimientos son casos de intersexualidad. Su mera existencia pone en tela de juicio la dualidad identitaria entre hombres y mujeres. Pese a esta
observación, la medicina se esfuerza hoy por imponer, por incorporar esta dualidad a través de distintas medidas, como el uso de hormonas o la mutilación.
Elsa Dorlin explica el procedimiento: “

Cuando nace un niño o niña con una anatomía genital inhabitual, una comisión de especialistas (compuesta generalmente por cirujanos plásticos,
urólogos, endocrinólogos, psicólogos y trabajadores sociales) decide, a menudo en el plazo de 48 horas, sobre la necesidad y las modalidades de la
intervención quirúrgica y los tratamientos hormonales en función del género al que se asemejan de la manera más

creíble

los órganos genitales del recién nacido. Si técnicamente es posible dotar de una vagina a cualquier individuo, un pene funcional resulta más difícil de
realizar. La mayoría de las intervenciones de cirugía plástica se guían por los siguientes criterios: la talla del pene o del clítoris (por encima de
los 2,5 centímetros se ‘fabricará’ un pene, por debajo de 0,9 centímetros, un clítoris), una vagina que admita la penetración, orinar en posición
femenina o masculina (es decir, sentada o de pie).

Una muerte que ha de hacer que las cosas cambien

Este carácter impuesto de las identidades sexuales constituye una fuente de sufrimiento para numerosos individuos que no se reconocen en el sexo que le han
asignado, es decir, de personas intersexuales o transgénero, hombres o mujeres que se sienten miembros del sexo opuesto. Es el caso de Leelah Alcorn, a
quien le pusieron el nombre de Joshua y que ha decidido suicidarse ante la imposibilidad de vivir libremente como ella quería. En una carta, de la que
reproducimos unos extractos, ha expuesto sus motivos: “

Si lees esto, es que me he quitado la vida. Por favor, no estés triste, es por mi bien. La vida que yo habría tenido no vale la pena vivirla… porque
soy transgénero. […] En resumen, me siento como una chica atrapada en un cuerpo de chico, y esto lo noto desde los cuatro años de edad. […] Mi última
voluntad es que el producto de la venta de todo lo que poseo legalmente (además del dinero que hay en mi cuenta bancaria) sea entregado a un colectivo
de transexuales que luchan por sus derechos civiles y a grupos de apoyo. La única condición que hará que yo repose en paz sería que un día los
transexuales no sean tratados como lo he sido yo, sino que sean considerados seres humanos, con sentimientos legítimos y con derechos humanos.

Los padres de Leelah se opusieron constantemente a su voluntad, recurriendo en particular a terapeutas que supuestamente convierten a homosexuales y
transexuales a la heterosexualidad y a la dualidad de géneros. Este tipo de tratamiento lo promociona especialmente la derecha cristiana estadounidense,
pese al hecho de que la American Psychological Association haya calificado estas prácticas de peligrosas.

El derecho de cada uno a definir su propia identidad

Muchas personas han reaccionado tras este suicidio. Una petición que se ha lanzado para que se prohíban dichas terapias ha recogido numerosas firmas. Si
esos tratamientos son menos frecuentes en Europa, las personas transgénero también son a menudo víctimas de insultos y discriminación en este continente.
Además, a veces tienen menos derechos para defenderse debido a la vaguedad jurídica persistente, dado que la transofobia está menos recogida en el derecho
europeo actual que la homofobia. Señalemos que en Suiza los transgénero solo tienen derecho a cambiar de estado civil sin pasar por la esterilización desde
el año 2012. Del mismo modo que las violencias y discriminaciones machistas u homófobas, es importante denunciar todas las agresiones que sufren las
personas transgénero. También se trata, a raíz de la observación científica de la caducidad de la dualidad hombre/mujer, de reconocer el derecho de las
personas intersexuales y de cualquier persona a autodeterminarse sin tener que conformarse a un género en particular.

8/01/2015

http://www.solidarites.ch/journal/

Traducción: VIENTO SUR





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